por el Dr. Ezequiel C. Tagle1

En su fructífera vida supo aunar, en bella síntesis, un modo de ser bondadoso y recto, con las altas calidades formadas en el estudio metódico y al amparo de un razonar cartesiano que le brindó permanente ayuda en su quehacer científico. Sobresalió desde joven por sus aptitudes para el aprendizaje de las disciplinas biológicas y esas mismas cualidades evidenció más adelante, cuando los años lo llevaron primero, a la docencia media y después, a la universitaria.

Dos merecidas medallas de oro exteriorizaron muy pronto el nivel de sus realizaciones: en 1904, al terminar sus estudios en el Colegio del Salvador y en 1910, al graduarse en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Aprender y enseñar fueron las vertientes de su cultivado intelecto. Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario. Instruyó y educó, durante muchos años, en los colegios nacionales Buenos Aires, Nicolás Avellaneda y Juan Martín de Pueyrredón.

Obtenido el título de médico veterinario, tras una brillante carrera en la que fue el primero de su promoción, sus inclinaciones pronto se volcaron hacia las materias fisiológicas. Entregado así de lleno al estudio, la investigación y la enseñanza, de todo ello hizo un culto hasta el fin de sus días. Corría el año 1908 cuando comenzó a desempeñarse como ayudante en la Cátedra de Fisiología, dictada a la sazón por el profesor Lesage, ex discípulo de Claudio Bernard, y en ella pasó más tarde a cumplir las funciones de jefe de trabajos prácticos; cargo en el cual fue confirmado por el profesor Bernardo A. Houssay, titular por entonces en la Facultad de Agronomía y Veterinaria.

Fue después profesor adjunto hacia 1915 y en 1919 se lo designó titular, reemplazando así al Dr. Houssay que había renunciado pare enseñar fisiología en la Facultad de Medicina. El Dr. Leopoldo Giusti ejerció con invariable dedicación y eficiencia la Cátedra de Fisiología hasta 1944, año en que renunció a la docencia a fin de dejar expedito el camino a nuevos y jóvenes valores.

Durante muchos años y desde distintas funciones, tuvo activa participación en las actividades de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Consejero, vicedecano, director de instituto y profesor honorario, todas las tareas y todas las jerarquías fueron propicias para contribuir, con su saber y su trabajo creador, al progreso de la casa de estudios donde se graduó y a la que tanto quiso.

Pero el aspecto más relevante de su labor universitaria radicó, a nuestro juicio, en su consagración a la investigación pura y aplicada, en el anchuroso escenario de la fisiología animal y comparada. Fruto de una permanente entrega al esfuerzo constructivo, elevadamente inspirado, fue la publicación de más de un centenar de trabajos, cuyos títulos abarcan los más variados y complejos temas de la ciencia fisiológica. Esas contribuciones, en su mayoría personales y otras en colaboración con calificados especialistas, entre los cuales el profesor Bernardo A. Houssay figuró siempre en primer plano, integran una producción bibliográfica de extraordinario mérito por esclarecedoras y porque abrió con ellas el camino a ulteriores avances científicos. En esta oportunidad es imposible una mención in extenso, ni siquiera resumida, de los estudios que publicó. Pero es menester destacar el relevante significado de sus trabajos en relación con el aparato circulatorio, la reproducción y las secreciones internas en las principales especies de animales domésticos.

Tampoco es factible consignar aquí todas las distinciones argentinas e internacionales de que fue objeto. Entre ellas se contó una muy cara a su espíritu: la designación como miembro de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, a la que se incorporó en 1926 y cuya presidencia ocupó desde 1937 a 1941.

En esta ceñida semblanza es un deber ineludible traer el recuerdo de otros valores que, en distinta esfera a los que ya destacamos, permiten apreciar la señera personalidad del profesor Leopoldo Giusti. Casó con Doña Elcira Figallo y fue padre de tres hijos; jefe de un hogar cristiano al que entregó sin retaceos su cariño invalorable, el intenso trabajo de cada día y el puro ejemplo de una vida recta, sin mácula.

En plena vigencia de sus espléndidas calidades humanas y cuando nada permitía esperarlo, el Dr. Leopoldo Giusti falleció el 29 de setiembre de 1958. Había nacido el 25 de enero de 1889.

Entre notas y papeles que los años ya empiezan a amarillear, he tenido en mis manos una carta enviada por el profesor Bernardo A. Houssay desde Washington, a la señora de Giusti. Dice, entre otros: “… Fue siempre tan serio, austero y laborioso, modelo de hombre virtuoso, cumplidor del deber, que parecía destinado a larga vida. La acompaño de todo corazón en su profundo sentimiento. Sirva de consuelo para usted y los suyos el ejemplo de su vida dedicada al bien y en la que ayudó a tantos a instruirse y educarse, por sus enseñanzas y su ejemplo.”. A estas palabras medulosas de quien, distinguido con el Premio Nobel, fue una de las más grandes figuras de la ciencia argentina, nada me cabe agregar para enaltecer la personalidad del Dr. Leopoldo Giusti.
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1 Versión adaptada de la semblanza del Dr. Giusti pronunciada con motivo de la incorporación del Dr. Ezequiel C. Tagle como miembro de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria el 21 de julio de 1975. Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 29(2):12-16. 1975.