por el Ing. Agr. Diego Joaquín Ibarbia1

Nació el 15 de agosto de 1894 en esta ciudad de Buenos Aires. Hijo de un distinguido abogado que fue auditor de guerra, autor del Código Militar y que perteneció a la generación de los grandes constructores del 80. Por la rama materna, los Madero, descendía de una familia que se había destacado por su acción creadora en el campo. Uno de sus abuelos, don Francisco Madero, fue fundador de la Sociedad Rural Argentina. Por sus ancestros se remontaba hasta José Manuel Bustillo, funcionario judicial que en la época de la colonia desempeñara con integridad delicadas comisiones aquí y en el Alto Perú que le acarrearon molestias y persecuciones. Su bisabuelo José Manuel fue cabildante, militar y se vio obligado a retirarse con el grado de teniente coronel afectado por una hemiplejia que lo inmovilizó completamente. Su abuelo, el general José María Bustillo, hizo la campaña contra Rosas a las órdenes de Lavalle y el General Paz junto con su hermano José Manuel que murió en Quebracho Herrado. Vivió exilado en Montevideo durante la tiranía de Rosas. A su caída se reintegró a su patria, participando del sitio de Buenos Aires en 1853, en la campaña que terminó en Pavón, y en la Guerra del Paraguay. Ocupó altos cargos civiles siendo comisionado en la provincia de Buenos Aires en 1880, y diputado nacional. Murió en 1910.

Nuestro biografiado cursó estudios secundarios en el Colegio del Salvador. En 1908 se graduó de ingeniero agrónomo en la flamante Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Su tesis versó sobre “Crédito Agrícola”.

Profesionalmente inició sus pasos indisolublemente unido a uno de sus compañeros de estudio: un gran señor de la cultura y de la conducta el Ing. Miguel Casares. Amistad que perduró a lo largo de toda su existencia y con quien compartió su admiración por Carlos Pellegrini.

Obtuvo por concurso el cargo de profesor suplente de Economía Rural en la Facultad de su carrera, donde formó parte del Consejo Directivo. Inició estudios, que no completó, en la Facultad de Derecho pues el Dr. Joaquín S. de Anchorena lo llevó a su secretaría en 1910 al desempeñarse como intendente de esta ciudad.

En 1918 se unió en matrimonio con la Srta. María Luisa Devoto de singular distinción. Por donde se ve que José María si no era por entonces un estadista era, por lo menos, un esteta.

Diputado nacional, electo en 1928, cubre un período que se extiende hasta la revolución de 1930. Participa activamente en todos los temas relacionados con la agricultura y la ganadería. Su primera intervención parlamentaria, en julio de 1928, es por el comercio de carnes con Inglaterra que, finalmente, deriva en una interpelación al ministro de Agricultura para que informe sobre la situación de las carnes argentinas en los mercados de consumo del exterior. Pero, durante este período, la gran participación del diputado Bustillo es en la discusión de la Ley de Arrendamientos. En síntesis Bustillo dice: “lo que conviene al país es que la tierra produzca más económicamente y, cuantos más frutos se saquen de una hectárea, será tanto más conveniente”. Verbalmente agredido por el sector socialista contesta: “Querernos resolver los problemas con razonamientos, no con sectarismos”.

Los problemas del agro siguen mereciendo su preferente atención. El 30 de setiembre de 1929 presenta con otros diputados, un proyecto sobre la actuación de la comisión especial encargada de estudiar la situación del comercio de carnes. También se interesa por las rebajas de las tarifas para el transporte de trigo. Pero donde el rigor cartesiano del razonamiento de Bustillo resalta, es cuando se renueva la discusión de la ley de arrendamientos agrícolas. Enuncia Bustillo: “Las leyes abstractas fundadas en sentimentalismos desorganizan las actividades y engendran enconos sociales absolutamente innecesarios en un país generosamente abierto a todas las posibilidades individuales”. En el alegato de Bustillo encuentro una acertada definición sobre el fundamento de la propiedad, cuando dice: “Es una función que coincide con el interés social”. Pero donde se hace más notoria su clarividencia es cuando expresa: “Con estas trabas que se ponen al derecho de propiedad lo que sucederá es que el propietario no hará contratos o no arrendará, dedicando sus tierras a la explotación directa, cayendo entonces -los arrendatarios- en el proletariado rural con todas las funestas consecuencias sociales. Yo no quiero, dijo, que los colonos se hagan arrendatarios sino propietarios”. Con gran conocimiento del tema y del medio, con gran realismo, analiza desde distintos ángulos los artículos del proyecto demostrando que la inembargabilidad de las herramientas del colono disminuirán su crédito; que es inútil que se imponga la obligación de plantar árboles; que la facultad de levantar mejoras iba a conspirar contra su incorporación y muchas otra previsiones que se han cumplido rigurosamente. Derrotado en su rigor científico se aprueba el proyecto contra su único voto, lo que lo lleva a exclamar en medio de su soledad y saliéndole del alma: “De lo que soy enemigo en todos los terrenos es de todo lo que signifique trabar la libertad”.

Fue uno de los firmantes del famoso manifiesto de los legisladores que precipitó el pronunciamiento del 6 de setiembre de 1930. Al presentarse en la madrugada de ese día en el acantonamiento de Campo de Mayo fue detenido por la guardia. Puesto en libertad a media tarde fue testigo de la viril reacción del Coronel Campos que picando espuelas su caballo se apartó del grupo para ponerse al frente de su regimiento. Al encontrarlo sublevado vuelve al comando y explica: “Mi padre, el general Campos, me hizo jurar que jamás participaría en un acto subversivo. Rindo pues mi espada”. Para entonces, el general Uriburu, al frente del Colegio Militar, había llegado a la Casa Rosada y asumido el poder.

Nuevamente electo diputado nacional para cubrir el período 1932-1936, Bustillo participa activamente en la vida parlamentaria, particularmente en todos los debates relacionados con los problemas agropecuarios. Le he contado 188 intervenciones. Todos los temas merecen su atención. Ello da medida de su responsabilidad y de su consagración. Van desde las tarifas ferroviarias hasta la racionalización de la administración pública. Sus intervenciones están signadas por el profundo realismo que caracteriza su progresista ideología. Dijo en un artículo político publicado en noviembre de 1933: “Tal vez las circunstancias nos obliguen a renunciar a doctrinas económicas caras a nuestro espíritu. El aferramiento servil a ideas preconcebidas no es virtud de un estadista. Por el contrario, creo que los principios son el faro que señala el camino; pero un hombre de gobierno debe tener la ductilidad necesaria para adecuar sus pasos a las cambiantes circunstancias de cada día con la vista puesta en la meta. La adopción repentina de teorías y doctrinas, por más depuradas que sean, pueden traer graves trastornos económicos y sociales”.

Todo mueve el interés del diputado Bustillo: Se preocupa porque se deja sin efecto el aumento de las tarifas del transporte de ganado. Se interesa por la instalación y organización del Museo Nacional de Bellas Artes, por la creación del Departamento Nacional de Ecología y Genética aplicada que firman con el Ing. Loyarte -ex presidente de la Universidad Nacional de La Plata- y el Dr. Miguel Angel Cárcano. En el se prevé el funcionamiento de un Instituto Central y que constituye el antecedente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

Sobre la lucha contra la langosta informa el Ing. Bustillo demostrando una profunda versación en la materia, y sosteniendo que la lucha biológica está en proceso de investigación y lo racional es atacarlo en los lugares donde desova. Lo apoya el diputado José Heriberto Martínez.

Participa activamente con el diputado José Heriberto Martínez en la discusión sobre obras públicas en Rosario, y a propósito de la compra de un toro por el Ministerio de Agricultura en la Exposición Rural de Palermo, impugnada por los socialistas, dice: “Se ha cometido una verdadera injusticia y es necesario decirlo una vez por todas. Los ganaderos han sido los verdaderos pioneros de la riqueza nacional. Ellos han producido con su trabajo de refinamiento de la hacienda, inmensos beneficios para el país. Han hecho ese refinamiento en una forma que ha llevado a un escritor americano a decir que habían aumentado la productividad de los campos de 1 a 15, que habían aumentado la precocidad de la hacienda en un 100 %, que habían, en pocos años, doblado el peso de los animales, que había disminuido enormemente la mortalidad y aumentado considerablemente la natalidad”, y termina: “Han luchado con toda clase de dificultades y es la única industria que nunca ha tenido protección”.

En mayo de 1933 y en sesiones posteriores se ocupa con gran extensión, profundidad y dominio del proyecto sobre construcción de elevadores de granos.

En la discusión, en particular, de la ley de carnes -16 de agosto de 1933-, Bustillo precisa su pensamiento diciendo: “Soy, en general, enemigo de las intervenciones del Estado, porque considero que la mayoría de las dificultades que se atraviesan actualmente en el mundo económico se deben a tales intervenciones”. El Congreso define los alcances de la ley como la policía del comercio de carnes, y otro tanto ocurre cuando se trata del proyecto sobre la ley de granos. No dispone la participación del Estado en el comercio -que anularía su eficacia como policía-, ya que nadie se vigila a sí mismo. Articula la defensa del productor y del prestigio de nuestra producción, controlando el tráfico comercial. En 1934 reproduce el proyecto de ley sobre la creación del Instituto Nacional de Fiebre Aftosa que presentó a la comisión especial para el estudio del comercio de carnes.

Al final de su período parlamentario Bustillo es llamado por el flamante gobernador de la provincia Dr. Manuel A. Fresco para que lo acompañe en el Ministerio de Obras Públicas. Desde la presidencia de la Cámara de Diputados el Dr. Fresco había aquilatado la capacidad creadora de su colega. Ministro de Obras Públicas despliega una actividad inusitada. Soy testigo. Lo acompañé muchas veces en su automóvil en el que había hecho fijar un tablero plegadizo al respaldo del asiento delantero que le permitía escribir en el viaje diario de aquí a La Plata y en su regreso. Se suceden sus iniciativas; además tiene el ímpetu ejecutivo suficiente como para lograr apoyo en la legislatura. Obtiene así la aprobación de su plan de caminos aún incompleto, y que en su mayor parte fue realizado durante su gestión de gobierno; la ley de patente única que ha servido de modelo para otras provincias; la ley de profilaxis de la tuberculosis; la ley de chacras experimentales y otras. Todo interrelacionado con otras creaciones del ministerio a su cargo como la urbanización de Mar del Plata; la creación del parque San Martín; la chacra experimental del Delta; el vivero dunícola de Miramar; la red de estaciones experimentales; la radicación de holandeses en el Delta del Paraná; la modernización de los hospitales; los campos de aviación; la urbanización de la ciudad de Luján; los parques comunales, y muchísimas otras.

En 1936 promueve la creación del Instituto Autárquico de Colonización de la provincia de Buenos Aires, que inspira al legislador socialista Moreno el siguiente comentario en la Cámara de Senadores de que formaba parte: “El Ministerio de Obras Públicas ha tenido la fortuna de patrocinar leyes que han obtenido casi la unanimidad de votos para su sanción y animado por el éxito trae ahora ésta; es evidente que en la discusión de la misma no le han descubierto su talón de Aquiles”. El proyecto de creación del instituto había sido formulado por una Comisión Honoraria de estudio, presidida por el propio Ing. Bustillo, e integrada por los señores Ernesto Hueyo, Salvador Oria, Miguel F. Casares, Emilio Coni, Sebastián González Sabathé y Mauricio Pérez Catán. El Ing. Bustillo expresa su pensamiento en el mensaje remitiendo el proyecto de ley a la legislatura provincial. Comienza por declarar que se trata de un ensayo. En distintos capítulos se refiere a la dirección y administración, a la selección de las tierras a colonizar, a la financiación, pero pone énfasis en la selección del colono adjudicatario. En la discusión parlamentaria el ministro reafirma su convicción de que el primer factor de éxito en la empresa colonizadora es la severa selección del colono. Así, dice: “No hay colonización aunque la tierra sea superior y el precio razonable, si el agricultor no reúne las condiciones morales y técnicas para el trabajo agrícola. Se trata no sólo de subdividir la tierra, sino de radicar un elemento económico y social útil”.

La íntima inquietud de Bustillo eran los problemas relacionados con la tenencia de la tierra. Lo exteriorizó cuando al incorporarse a esta academia, con el espaldarazo de Joaquín S. de Anchorena, el 28 de julio de 1943, eligió como tema de su discurso inicial el de problemas de radicación agraria. En él analiza los efectos del desequilibrio de la población rural y urbana. El envejecimiento de los pobladores del campo. Su aislamiento. La falta de industrias rurales. La colonización y el arrendamiento, sistematizando las disposiciones que debe tener una buena ley en la materia. Le impresiona el éxodo de los jóvenes. “Que no sean las ciudades” -dice- “las que gobiernen, preocupándose de sus intereses y olvidándose de los campos, que son fundamentales para el progreso argentino”. Y como en él la acción seguía al pensamiento, en gesto cuasi tolztoniano vende con facilidades las tierras necesarias para afirmar definitivamente a sus arrendatarios. Con lo cual dejó acreditado que sus palabras no eran vanas.

Cierra su periplo creador, que inició con su tesis sobre crédito agrícola, fundando el Banco de Crédito Rural Argentino. Por donde también se ve la firmeza de su acción y el tesón de sus convicciones, que lo caracterizaron.

Hasta aquí sus obras. Pero entiendo que no completaría la tarea que la Academia me ha encomendado, si no tentara una semblanza humana de tan distinguido colega. Ante todo, José María Bustillo era un patriota. Sentía en carne propia los dolores del país que veneraba. Estaba dispuesto a darlo todo por su grandeza. Amaba apasionadamente la libertad y consideraba que ella era el clima propicio para la dignificación del hombre y para el pleno desarrollo de sus facultades creadoras. Era un trabajador incansable. Creía en la eficiencia de la acción constante y que el éxito es el resultado de multiplicar el trabajo por el tiempo.

Tesonero, se entusiasmaba con facilidad con todo lo grande, lo puro, lo bueno y lo bello. Esta facultad de entusiasmarse fue el combustible que animó permanentemente su acción fecunda. Hasta pocos meses antes de abandonarnos, solía despertarse con alguna idea peregrina, como aprovechar las aguas de El Chocón para colonizar su zona de influencia o como avanzar sobre la propiedad de Avenida Alvear y Rodríguez Peña para darle un marco digno a esta y otras academias.

Sensible, brindó a los suyos y a sus amigos intensamente sus afectos. En la provincia de Buenos Aires se recuerda todavía la consideración que dispensaba a sus colaboradores y subalternos. No obstante saber que estaba en un área hostil, impuso el ascenso como principio administrativo y el concurso como norma de ingreso.
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1 Versión sensiblemente abreviada del discurso pronunciado por el Dr. Diego Joaquín Ibarbia con motivo del homenaje tributado al Ing. Bustillo en el primer aniversario de su fallecimiento. Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 30(1):26-40.1975.