por el Dr. Alejandro C. Baudou1

El Dr. Sívori egresó de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata en el año 1892, con clasificación de sobresaliente.

Por su dedicación al estudio y predilección por la enseñanza le cupo el mérito de ser designado profesor ad-honorem de Anatomía Descriptiva de primer año. En esa misma época el gobierno de la provincia de Buenos Aires lo comisiona honorariamente para estudiar epizootias. Sucedía esto en el año 1892, siendo todavía alumno de cuarto año. Recientemente egresado, obtiene por concurso el cargo de Profesor de Anatomía Descriptiva y Comparada, Anatomía General, Anatomía Topográfica, Inspección de Carnes y Micrografía Animal. La facultad en la cual había cursado sus estudios lo designa, en el año 1903, Profesor de Fisiología y en 1906, Profesor de Enfermedades Contagiosas y Microbiología Médica y Agrícola. En años siguientes es miembro del Consejo de Enseñanza y Académico de la Facultad, en 1906.

Desde muy joven su inclinación fue el estudio de las enfermedades infecto-contagiosas del ganado, disciplina que lo autorizaba para incursionar en temas de orden sanitario. El laboratorio de la Asistencia Pública de la Capital (1894-96) contó con su colaboración desinteresada, siendo posteriormente designado ad-honorem Subjefe de Laboratorio de Bacteriología del Hospital Nacional de Alienadas (1901-1905). Fue bacteriólogo de la Oficina Química Agrícola de la provincia de Buenos Aires (1897-1899), y más tarde Subinspector General y Veterinario Bacteriólogo de la Dirección General de Ganadería. Entre sus actividades privadas se cita la de cofundador del Laboratorio Antitoxinas del Dr. Julio Méndez.

Su desempeño como veterinario alcanzó gran relieve por los cargos de responsabilidad que asumiera en la Asistencia Pública de La Plata, en la Administración Sanitaria de la Capital Federal y en la Dirección de Ganadería de la Nación. Su actuación fue también notoria como delegado de la República Argentina al Congreso Internacional de Veterinaria de Baden-Baden en 1906, a la Conferencia Internacional de Policía Sanitaria en Montevideo en 1911, y de la Universidad de La Plata a las conferencias antituberculosas de Córdoba y Rosario.

Sus inquietudes no se limitaban al campo de la ciencia y de la investigación, incursionaba en otras esferas. Amante y defensor de la profesión que ejercía, advirtió de inmediato la necesidad de organizar una entidad que nucleara a los veterinarios con el fin de estrechar vínculos, tener un hogar fraternal y realizar sesiones científicas donde se debía debatir problemas de interés para el progreso de la Veterinaria. Esto lo incitó a que con un núcleo de distinguidos colegas fundaran la Sociedad de Medicina Veterinaria en el año 1897, ocupando la presidencia en el año 1903.

En 1901 publica el resultado de sus investigaciones sobre carbunclo sintomático o mancha de los terneros, demostrando que esta enfermedad infecciosa es producida por el B. Chauvoei, al igual que su similar europea. Hallazgo que fue más tarde confirmado por otros investigadores argentinos.

En 1902, en colaboración con el Dr. Lecler, investigan la causa del mal de caderas en dos caballos traídos desde la provincia de Catamarca. El resultado de sus trabajos les permite demostrar que la etiología de esta afección es debida a un tripanosoma, y que estos hemoparásitos no difieren del causante de la Nagana y del Surra asiático.

En su publicación sobre “Profilaxia de la Tuberculosis Bovina”, dada a conocer en el año 1911, ratifica las conclusiones que obtuviera en el año 1899, las que son casi idénticas a las de investigadores de otros países.

Desde el 7 de julio de 1892, hasta el 1º de marzo de 1893 fue decano de la Facultad el Sr. Rafael Hernández, quien encomendó a los Dres. Sívori, Dilon y Simonpietri, la instalación de un laboratorio. A pesar de los escasos recursos y medios disponibles en ese momento, montaron el laboratorio de bacteriología, venciendo toda clase de obstáculos. Nada pudo contra esa férrea voluntad y decisión de llenar su cometido. Recuerdo que cuando se refería a la falta de recursos, nos decía que el primer baño de arena para coagular suero en pico de flauta, lo improvisó con una lata de querosén. Con esos medios tan precarios hizo sus primeros estudios e investigaciones, por eso, posiblemente, el profesor Nocard cuando visitó el laboratorio para observar los preparados de sangre de animales atacados de tristeza y comprobó en ellos la presencia de piroplasma quedó admirado “por la cantidad de trabajo útil hecho con elementos materiales tan defectuosos”.

Tal vez habrá tropezado con inconvenientes que para otro temperamento hubieran sido insalvables, habrá luchado en todo sentido para convencer a los incrédulos que con ese laboratorio se iniciaba una nueva disciplina en la carrera de veterinaria, habrá pasado momentos de incertidumbre, pero no desmayó en su afán de triunfo y progreso, obteniendo como ya fue dicho, en el año 1906 la designación de profesor de Enfermedades Contagiosas y Microbiología Médica y Agrícola.

Estos antecedentes permiten aceptar que corresponde al Dr. Sívori el haber sido el iniciador y propulsor de la cátedra de bacteriología en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata.

La labor del Dr. Sívori fue proficuamente continuada y ampliada por otros investigadores argentinos que se dedicaron al estudio de las enfermedades infecciosas del ganado con tanto éxito que paulatinamente fueron esparciendo sus conocimientos e inquietudes en otros campos anexos a la bacteriología, llegando al momento actual en que podemos hablar de una escuela argentina de bacteriología, que tiene jerarquía propia y entre cuyos precursores hay que mencionar al maestro, quien es el motivo central de esta exposición.

Los acontecimientos conocidos del año 1920, con motivo de la implantación de la Reforma Universitaria, motivaron el alejamiento de algunos profesores de grandes quilates, porque no participaban de la forma de pensar de los dirigentes reformistas de ese entonces. Entre los profesores que debieron hacer abandono de la cátedra estaban además del Dr. Federico Sívori, el Dr. César Zanolli, el Dr. Florencio Matarollo y otros. Esto sucedió en el año 1922.

Pero la obra del Dr. Sívori era muy vasta. Su erudición lo encumbraba cada vez que se lo consultaba o se requería su palabra rectora en busca de orientación y enseñanza. Sus destacados merecimientos, sus investigaciones, sus virtudes personales y profesionales no podían pasar inadvertidos. Por esto en un loable reconocimiento, esta Academia resuelve incorporarlo como Académico de número en el año 1926. Sitial que ocupó hasta su muerte, acaecida en 1958.
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1 Versión abreviada de la semblanza del Dr. Federico Sívori efectuada con motivo de la incorporación del Dr. Alejandro C. Baudou como miembro de número de la Academia el 27 de agosto de 1964. En: Acto de recepción del Académico de Número Prof. Alejandro C. Baudou. Buenos Aires, Acad. Nac. de Agr. y Vet., 1964. p. 11-20.