Fallecio 5/1/1979

por el Dr. Angel Cabrera1

Enrique Modesto Sívori nació en Melincué, Provincia de Santa Fe, en el mes de agosto de 1910. Falleció en La Plata, en forma sorpresiva, en enero de 1979. Su infancia y su adolescencia se desarrollaron en la ciudad, también santafesina, de Villa Constitución. Según contaba, aprendió a nadar en las turbulentas aguas del Paraná, de lo cual estaba muy orgulloso y hasta hace pocos años, en una esquina de la plaza principal, existía una Farmacia Sívori que pertenecía a uno de los hermanos.

Sus estudios secundarios fueron realizados en la Escuela de Agricultura y Ganadería de Casilda, ingresando luego en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Plata. Allí, como muchos otros fue atraído por las clases del magistral Lorenzo Raimundo Parodi quien definió su ya incipiente vocación por la biología. Es digno de mención que Parodi, el maestro, también había estudiado en una escuela de agricultura, la de Santa Catalina, antes de ingresar en la Facultad de Buenos Aires.

En 1937 Sívori obtuvo su título de Ingeniero Agrónomo con una tesis titulada “Análisis de un ensayo bioecológico en trigo”, que quedó inédita. Terminado sus estudios, entre los años 1937 y 1939 desempeñó cargos técnicos en empresas particulares. Eran tiempos difíciles para los egresados que querían dedicarse a la investigación pues los cargos universitarios eran pocos, no había becas internas ni subsidios ni carrera del investigador. Afortunadamente para la ciencia en 1939 fue designado asistente técnico en la Sección Oleaginosas del Instituto Experimental de Investigación y Fomento Agrícola Ganadero de la Provincia de Santa Fe, en la localidad de Ángel Gallardo. Allí pudo continuar con su labor como investigador sobre mejoramiento de las plantas cultivadas, derivando paulatinamente hacia la autoecología y la fisiología vegetal. Tuvo Sívori en Ángel Gallardo varios compañeros de trabajo igualmente entusiastas, como José Luna, Guillermo Covas, Antonio Marino y Arturo Ragonese y eran muchas las anécdotas que contaban de ese período juvenil en que se iniciaban como investigadores.

En el año 1941 Sívori volvió a La Plata como Jefe de Trabajos Prácticos de las dos cátedras de Botánica de la Facultad de Agronomía y, animado por Parodi, en 1943 obtuvo una beca de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias para perfeccionarse en fotoperiodicidad con el Profesor F. Went de la Universidad de Pasadera, California. Fruto de esta beca fue un importante estudio sobre la fotoperiodicidad en Baeria chrysostoma, una pequeña especie de compuesta de la región.

De regreso en la Argentina, en 1944, fue designado Profesor Adjunto de Botánica en la Facultad de Agronomía de La Plata y en 1948, al crearse la cátedra de Fisiología Vegetal, Profesor Titular de la misma, cargo que desempeñó hasta ser nombrado Profesor Emérito en 1976. Fue esta, según creo, la primera cátedra de Fisiología Vegetal creada en nuestro país y Sívori el primer profesor de esta materia, ya que antes se incluía en los cursos de Botánica General.

Desde 1969 era Director del Instituto de Fisiología Vegetal creado por las Facultades de Agronomía y de Ciencias Naturales. También fue temporariamente Profesor de Fisiología en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires y dictó numerosos cursos de perfeccionamiento en otras universidades y organismos científicos.

Sería muy largo enumerar sus muchos cargos técnicos, conferencias, concurrencia a congresos y reuniones científicas, y distinciones honoríficas. Mencionaré sí que fue Presidente de la Sociedad Argentina de Botánica y de la Sociedad Latinoamericana de Fisiología Vegetal, fundada por él con un grupo de colegas. Y que como investigador publicó alrededor de 100 trabajos sobre fitotecnia, sobre fotoperiodicidad, sobre fisiología del desarrollo y muchos otros temas relacionados con la producción vegetal, la ecología de las plantas y la fisiología pura. Si su labor como promotor del avance de la ciencia fue muy destacada y reconocida internacionalmente, no fueron menos sus méritos como formador de material humano para la ciencia. Son frecuentes los ejemplos de eminentes investigadores, a veces con una labor original gigantesca, que no tuvieron tiempo, o ganas, de transmitir sus conocimientos a otros. Sívori, por el contrario, volcó todos sus conocimientos, digámoslo sin eufemismo, su sabiduría, hacia sus discípulos y colaboradores y son numerosísimas las tesis y trabajos realizados bajo su dirección. Egresados, becarios y jóvenes investigadores de nuestro país y de otras naciones de América latina buscaron al lado de Sívori su perfeccionamiento en fisiología vegetal. Fue Sívori, en resumen, no sólo el iniciador de los estudios fisiológicos en la Argentina, sino también el maestro de la mayor parte de los especialistas en fitofisiología de nuestro país, entre ellos Pedro Garese, Raúl Orbea, Ricardo Ticio, M. Raggio, Juana Wurceldor Warden, Víctor Trippi, Juan Ledesma, Francisco Claver, Osvaldo Caso, Mabel Esponda, Edgardo Montaldi y muchos otros.

Aparte de nuestra vinculación como profesores de materias afines en la misma Universidad y luego en la misma Facultad, fuimos compañeros de trabajo en el Instituto de Botánica del Ministerio de Agricultura, donde Ragonese reunió a gran parte de los botánicos de los años 40, y realizamos viajes juntos a congresos botánicos o con fines de estudio de la vegetación. Su personalidad se destacaba por el entusiasmo y la seriedad con que tomaba siempre sus trabajos de investigación y sus funciones como docente. De carácter sereno y más bien reservado podía bromear sobre cualquier tema, siempre que no fuese la ciencia o la enseñanza. En su vida privada fue un buen esposo, amante de la vida hogareña y un buen padre que sufrió la pérdida de su único hijo, Carlos, a poco de formar este su propio hogar y de dejarle un nieto como consuelo. Fue también un buen amigo, apreciado por sus numerosos discípulos y colegas.

Pero reconozcamos que lo más importante en su vida es que le cupo ser uno de esos seres excepcionales que, entre la masa humana común, han nacido para cumplir una misión trascendental. En este caso fue la de iniciar y promover la floreciente escuela argentina de fisiología vegetal, escuela cuya calidad demuestra que en esta rama de las ciencias la República Argentina no es un país subdesarrollado.
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1 Semblanza (ligeramente abreviada) del Ing. Sívori pronunciada el 23 de junio de 1982 con motivo de la incorporación del Dr.Cabrera como académico de número de la Academia Nac. de Agronomía y Veterinaria. Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 36(5):17-19. 1982.