por el Ing. Lucio G. Reca[1]

El 26 de febrero de este año [1998] a la edad de 95 años falleció en Chicago el Profesor Theodore W. Schultz, Premio Nobel de Economía en 1978[2].

Pionero en el esfuerzo de integrar el análisis económico de los problemas de la agricultura en el marco de la economía global, movió las fronteras del estudio de la economía agrícola más allá de los clásicos estudios de administración rural, explorando las interacciones entre la agricultura y el resto de las actividades productivas de la economía. Los efectos de la crisis de los años treinta seguramente lo impulsaron a llevar adelante este reexamen de la inserción de la agricultura en el quehacer social. Numerosas publicaciones fueron iluminando este novedoso enfoque. Ellas culminaron con la publicación de “The Economic Organization of Agriculture” a comienzos de los años 50 donde, desarrolló, lúcidamente, estas ideas[3].

Posteriormente tres áreas de la ciencia económica ocuparon predominantemente su excepcional capacidad de reflexión y creatividad. Ellas fueron el rol de la investigación agropecuaria como fuente de crecimiento de la agricultura, la racionalidad de la agricultura campesina y el rol de la inversión en educación y salud (la formación de capital humano) en el proceso de desarrollo económico.

El Prof. Schultz desarrolló la mayor parte de su actividad académica, a lo largo de más de tres décadas, en el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago. Bajo su dirección se conceptualizó el análisis económico de la investigación agropecuaria definida como una actividad donde se incurren en costos y se generan beneficios, de carácter privado y social y cuyas consecuencias afectan tanto a consumidores como a productores de bienes agropecuarios. La tesis doctoral de Z. Griliches, donde por primera vez se estimaron los beneficios de la investigación en el mejoramiento del maíz en los EE.UU., publicada en 1957 fue fruto de esta línea de pensamiento que marcó rumbos y contribuyó decisivamente a dar entidad a la investigación agropecuaria como una actividad de primera importancia en el proceso de desarrollo económico.

El análisis de la economía campesina, basado en el detallado estudio de casos, llevó al Prof. Schultz a concluir que la asignación de recursos en este importante sector de la agricultura del mundo en desarrollo, se guiaba por los mismos principios de maximización postulados por la teoría económica, ya validados en economías con grados mayores de desarrollo.

En consecuencia -concluía Schultz- la pobreza rural, no se debe, en buena parte, a un uso inadecuado de los recursos productivos, o a la indolencia de los agricultores, sino a la falta de fuentes alternativas de producción, es decir de tecnologías que les permitieran aumentar los ingresos generados por los recursos –tierra, agua, muy escaso capital  y mano de obra habitualmenete abundante- a su disposición. Estas ideas fueron expresadas con fuerza y claridad en “Transforming Traditional Agriculture” una breve pero profunda obra publicada a mediados de la década de los sesenta, llamada a ejercer una penetrante influencia en la conceptualización de los procesos de desarrollo y consecuentemente en la acción organismos de asistencia técnica y de financiamiento de la agricultura. El lema “pobres pero eficientes” se transformó en paradigma de la situación de vastos sectores del campesinado en el mundo.

La obra del Prof. Schultz sobre la economía campesina le permitió simultáneamente iluminar otro aspecto de la realidad económica de los países en vías de desarrollo. El estudio de la agricultura campesina había permitido establecer que mejorando la calidad de los insumos (semillas, fertilizantes, maquinarias) y haciéndolos accesibles a los agricultores, se lograba mejorar la condición económica del campesinado. Siendo la mano de obra el factor más abundante en dichas economías, por extensión entonces, el mejoramiento de la capacidad productiva de la población -la inversión en el agente económico- resultaba un camino natural que posibilitaría el acceso a mejores oportunidades de trabajo y a un mejor nivel de vida.

Esto lo llevó a examinar detenidamente el rol de la inversión en educación y en salud como factores claves para generar aumentos en las capacidades productivas de la población. Los estudios empíricos sobre estos temas avalaron, una y otra vez, la validez de estos supuestos. En el último cuarto de siglo numerosos estudios han validad y refinado la relevancia de este enfoque. “El valor económico de la educación” (1963) y “Investing in people: the economics of population quality” (1980) constituyen dos obras clásicas en este campo.

El Prof. Schultz, desde su sitial académico, no rehuyó el debate, a veces áspero, en defensa de sus ideas. Convencido como siempre estuvo sobre la potencialidad de la agricultura como fuente de crecimiento económico en los países en desarrollo, combatió desde la cátedra las políticas que discriminaban contra la agricultura en favor de otras ramas de la actividad, mostrando con argumentos claros y análisis contundentes el a menudo costoso error económico de dichas políticas.

Con igual energía criticó el proteccionismo brindado por los países ricos a sus agriculturas, señalando el costo adicional que dichas políticas imponían al resto de la comunidad mundial. La Argentina, país al que visitó varias veces entre 1941 y 1986, era uno de sus ejemplos preferidos con relación a los perniciosos efectos, en términos de crecimiento económico sacrificado, por la vigencia de políticas antiagrícolas. Bajo su dirección en la Universidad de Chicago, y a partir de los años cincuenta, este tema fue analizado en profundidad por algunos de sus alumnos.

Su vida deja una lección de profundo contenido ético. Creía en el valor de las ideas, luchó por imponer las suyas, teniendo siempre como objetivo el mejoramiento de las posibilidades para una mejor realización de la vida de cada individuo. Sacrificó, sin vacilar, posiciones expectables, cuando mantenerlas hubiera implicado claudicar de principios para él fundamentales, tales como la libertad académica y el respeto por los resultados de la investigación científica.

En sus clases insistía, incansablemente, en la necesidad de esforzarse en identificar los verdaderos problemas, los temas de mayor relevancia, de separar lo accidental o transitorio de lo realmente trascendente, de lo que contaba. A lo largo de más de medio siglo dedicado a la enseñanza y a la reflexión económica, que compartió generosamente con estudiantes de muchos países del mundo, su mensaje intelectual -rigor, relevancia y preocupación por el mejoramiento de las posibilidades de vida de las poblaciones más postergadas -y su vida personal -sobria y austera- son ejemplos de valor permanente.


[1] Nota necrológica del Ing. Agr. Lucio G. Reca de abril de 1998 (Nota del E.).

[2] Theodore W. Schultz había nacido el 30 de abril de 1902 en Arlington (Dakota del Sur) siendo el mayor de ocho hermanos. Durante la Primer Guerra Mundial trabajó en la farm paterna postergando la iniciación de sus estudios superiores (N. del E.).

[3] Esta obra fue traducida al castellano y publicada por el Fondo de Cultura Económica en 1956 (N. del E.).