por el Dr. Héctor G. Aramburu1

El Dr. Carlos T. Rosenbusch fue electo Académico de Número en 1994, y ocupó el Sitial Nº 6 hasta que en 1998 pasara a la categoría de Académico en Retiro debido al quebranto de su salud. Era hijo del recordado maestro Don Francisco Rosenbusch que también había ocupado un Sitial, el 26, en nuestra Academia.

Carlos T. Rosenbusch, T por Teobaldo y éste por la gran amistad personal de su padre con Theobald Smith, el colega norteamericano que aclaró el gran problema etiológico de la “Texas Fever”, nuestra Tristeza bovina, hizo estudios primarios y secundarios en la Argentina y universitarios en Estados Unidos, en la Escuela de Veterinaria del Estado de Iowa, en Ames, donde se graduara en 1936 lo que coronó en 1938, con un PhD. Extrañamente y decimos así porque no nos explicó cual fue la motivación, comenzó también contemporáneamente estudios de Agronomía que, según nos dijo textualmente, eran mucho para él, pero que dejaron cierta impronta en su amor por las plantas a las que personalmente cuidaba hasta sus días finales, entre ellas orquídeas.

El impulso de ampliar conocimientos lo llevó al Instituto Rockefeller en Princeton, sin duda un lugar selecto y posteriormente también a la Universidad de Baltimore y al Instituto de Biología Marina de Wodshole de Massachussets, otro lugar de primera línea.

Ya en Ames despuntó su gustó y predilección por la Microbiología y comenzó su relación con el mundo microbiológico en la persona de Merchant que junto con personalidades como las de Shope, Sabin, Ten Broeck y Baker contribuyeron a completar su preparación por la que a posteriori sería su línea profesional. Con Merchant, por ejemplo, pusieron orden, luego de un “Chaos” linneano, en el Género Pasteurella y debemos agradecerlo pues hasta ese entonces una serie de padecimientos animales de importancia patológica de gran repercusión comercial, eran asignados a una variedad de gérmenes, cosa que, luego de los trabajos de Merchant y Rosenbusch, quedó aclarado y cesaron polémicas de acritud poco vista y ya no más repetidas.

De regreso a la Argentina Carlos Rosenbusch se incorporó al laboratorio que su padre, Don Francisco, había fundado con la ayuda de hacendados de primera fila, laboratorio que aún hoy existe y que fue desde sus comienzos, prácticamente un líder, dada la jerarquía de sus productos y lo acertado de sus diagnósticos a los cuales el fundador, Don Francisco, nunca renunció a efectuar y que sirvieron de yunque en el que se forjaron numerosos profesionales y entre ellos, por supuesto, Carlos Rosenbusch.

Es importante y a la vez interesante, relatar que en ocasión del gran brote de Fiebre Aftosa ocurrido en México en 1946-1950, que causó grandes estragos a la ganadería mexicana y constituyó un enorme peligro para la pecuaria estadounidense dada las características intrínsecas de la enfermedad, la naturaleza del terreno, la idiosincrasia de la población y lo extenso de la frontera, Carlos Rosenbusch estuvo allí, observando y colaborando y el laboratorio de Buenos Aires, elaboró una vacuna antiaftosa que fue ofrecida y utilizada en la segunda etapa de lucha antiaftosa cuando la vacunación sucedió al sacrificio de enfermos.

Carlos Rosenbusch fue hombre de rara modestia y vida retirada al que costaba hacerlo frecuentar otros ámbitos que el laboratorio; sólo comulgaba con las montañas de Bariloche y acercarlo a la Academia no fue trámite fácil.

Fue un trabajador incansable, demandante de sus ayudantes y colaboradores diversos y un singular diseñador de protocolos de investigación que llamaban la atención cuando en sus polémicas, que tenían cierto aire teutónico, los exhibía para apoyar sus dichos.

Creemos que Carlos Rosenbusch ha dejado un excelente ejemplo de laboriosidad y honestidad profesional y su nombre será recordado, en la persona de su hijo Ricardo, también un colega radicado en Estados Unidos, pero que estudió con nosotros en Buenos Aires y se estableció donde su padre que hoy recordamos, lo hiciera, por lo que, dados Francisco, Carlos y Ricardo, podría decirse que hay un “Clan Rosenbusch”.
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1 Nota necrológica del Dr. Héctor G. Aramburu publicada en Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 57:XXVII-XXVIII. 2003.