por el Dr. Carlos O. Scoppa[1]

Vástago de un hogar ejemplar, de formación europea, radicado en Campana hizo sus estudios primarios y la escuela normal de esa localidad del norte de la provincia de Buenos Ares donde se recibió de maestro. Posiblemente, el horizonte infinito del campo y el delta que circunda a su lugar de nacimiento y en el cual transcurrió su niñez condujeron su ánimo para hacer de su elección de vida la ingeniería agronómica, la cual estudió obteniendo su título de Ing. Agrónomo en 1937 con diploma de honor en la entonces Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UBA.

De inmediato ingresa al Ministerio de Agricultura de la Nación, y a los pocos meses de su graduación, se desempeña ya como agrónomo en Obispo Trejo: primer técnico que con ese carácter tuvo asiento en esa difícil zona del monte cordobés. Por su actuación en ese lugar fue felicitado de manera directa por el propio Ministro de Agricultura y Ganadería de entonces, el Dr. Miguel Angel Cárcano. De Obispo Trejo pasa a Formosa, como Agrónomo Regional, en épocas todavía heroicas, con caminos escasos para recorrer y donde debía utilizar los furgones de los trenes de carga, durante las largas jornadas que los recorridos insumían para cumplir con su misión, y que eran los únicos lugares para poder dormir o descansar. Regresado a Buenos Aires, entre 1944 y 1957, reviste en funciones de importancia jerárquica en la sede central de ese Ministerio, llegando a ocupar la Dirección General de Agricultura, luego de Fomento Agrícola. En 1952 emprende una notable acción de perfeccionamiento para la ejecución de las funciones de extensión rural y la organización del servicio correspondiente, lo cual significó una profunda renovación de criterios y ampliación de metas y objetivos para los agrónomos regionales o agentes de extensión y fomento agropecuario cuyas responsabilidades extiende sobre la familia y la comunidad.

Bajo su tutela se crean los clubes para la juventud rural los “Clubes 4 A”, inicial de las palabras Acción, Adiestramiento, Amistad y Ayuda. Se establecen las primeras agronomías piloto que comprenden la economía del hogar, alimentación y primeros auxilios, y se designan las primeras agrónomas, o sea funciones regionales a cargo de mujeres; se crea la División de Clubes Femeninos y del Hogar Rural, que luego con la creación del INTA, toda esa acción se completa y amplía. Fue precisamente Norberto Reichart quien en 1957 figura entre los más entusiastas y corresponsable en la creación y organización de ese instituto, promotor básico del desarrollo agropecuario nacional. Pasa entonces a ser Director Nacional Asistente de Extensión y Fomento Agrícola del organismo autárquico, función que desempeña hasta 1967, cuando por un período de dos años, ocupa la Subsecretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación, en la que deja huellas de su honorabilidad, prestancia y eficiencia. Luego de ese paréntesis, vuelve en 1969 a su anterior cargo de Director Nacional Asistente en el INTA, hasta su retiro en 1974.

Durante el ejercicio de esas funciones representó al país en innumerables reuniones, congresos, conferencias mundiales y viajando al exterior llamado por designaciones de organismos internacionales. En tal sentido sobresale su actuación en la FAO, donde su figura alcanzó notable estimación, por sus condiciones personales y capacidad técnica., verificadas por el conocimiento personal que de él tenían por la seriedad de su trabajo como miembro del Comité del Programa de la FAO durante más de cuatro años, las que fueron de inmediato reconocidas y aquilatadas en Roma. Retirado de la función pública, Norberto Reichart se dedicó a su empresa rural.

Desde su juventud puso de manifiesto sus condiciones personales, que se caracterizaron por su tenacidad, calidad de organizador, empeño, conciencia de la responsabilidad, y el cuidado pundonoroso de su paso por la vida. Fue el líder de avanzada de la extensión rural, trabajando sin bullicios contando a la satisfacción moral por toda retribución.

No tuve el privilegio de trabajar o tener más o menos estrechas vinculaciones laborales con el Ing. Norberto Reichart durante nuestra común permanencia en el INTA. Él era el conductor de la extensión y yo desde hacía relativamente poco abordaba la investigación de Recursos Naturales, áreas con comparativamente pocas vinculaciones directas. De tal manera solamente tenía la oportunidad de verlo y/ o escucharlo en escasas y cortas ocasiones, pero debo confesar que me inspiraba una sensación de orgullo trabajar en una organización conducida por hombres como el que hoy perpetuamos. En su figura veía un INTA dirigido por hombres excepcionales, poseedores de talento y dignidad, que no abrían la boca para emitir sonidos respondiendo a una mera ubicación en la escala evolutiva, sino para expresar ideas y generar acciones como corresponde a verdaderos hombres.

Y así repleto de merecimientos llegó a la Academia a la cual brindó y sirvió con idénticos procederes y lealtades[2]. De esa forma, los años me dieron la revancha y tuve no sólo la dispensa de ser su cofrade, compartir los sitiales y las inquietudes de esta entidad, sino la distinción y el privilegio de ser su tesorero cuando se desempeñó como vicepresidente de la corporación. Así pude comprobar que Norberto Reichart por su cuño y por su hogar pertenecía a esa pléyade de individuos probos, virtuosos e ilustres: “Señor de pampas y salones”. Sencillo como todos los verdaderos grandes sabía muy bien de las limitaciones humanas. Su urbanidad y don de gentes, entroncada en su dimensión intelectual y capacidad de gestión, muestran crudamente la disonancia entre su refinamiento y la rusticidad actual.

Yo sólo puedo señalar que hundió su sandalia peregrina en las arenas de una encumbrada omnisciencia por la que deambuló místicamente para poder hacer de la extensión rural una disciplina científica y tecnológica nueva. Hija de los inmensos avances de los saberes y sus aplicaciones a la producción, unidos al desarrollo creciente de las sapiencias del hombre, con una comprensión más profunda desde la psicología y la lógica de base, hasta las actitudes, creencias y valores que condicionan el comportamiento humano. Y el Académico Reichart lo hizo mediante una afiliación permanente a principios éticos severos, a veces graves pero austeros, y un absoluto rechazo a las soluciones bastardas o los compromisos ambiguos. Ondeó entre las cosas y las personas relacionadas con su objetivo de vida, silenciosamente, con el poder de su voluntad irrevocable. Su esfuerzo no fue vano. Las huellas de su vida están visibles y enérgicas. Sigámoslas, recogiendo las enseñanzas que se desprenden de su savia y su faena.[3]

 

[1] Palabras pronunciadas el 14/8/2014 por el Presidente de la Academia Dr. Carlos O. Scoppa, ligeramente adaptadas,  con motivo del homenaje tributado al Ing. Norberto Reichart en el centenario de su natalicio.

[2] El Ing. Reichart fue designado Académico de Número el 6 de julio de 1989 [Nota del Editor].

[3] El Ing. Norberto Alois Roberto Reichart nació en Campana el 9 de octubre de 1914 y falleció en Martínez (B. Aires) el 9 de octubre de 2004 [Nota del Editor].