por el Dr. Carlos O. Scoppa1

Fue el Dr. Leonardo Pereyra Iraola un hombre de dos siglos. Su vida transcurre en Buenos Aires entre 1870 y 1943. Tanto los últimos años del siglo XIX como los del siglo XX en que le tocó vivir, fueron la matriz donde, a nivel mundial, se gestaron profundos cambios de todo orden – geopolítico, socioeconómico y cultural – que sin duda, incidieron de manera notable en nuestro país. Su gran capacidad y amplitud de miras le permitieron adaptarse a esa evolución y en ciertos casos, promoverla.

En el hogar formado por sus mayores, Don Leonardo Pereyra y Doña Antonia Iraola, se respiraba un aire de refinamiento y buen gusto. Su padre, amigo íntimo de Prilidiano Pueyrredón, y pintor él mismo por afición, había adquirido en Europa una notable colección de pinturas originales de renombrados artistas. Su tertulia era frecuentada por los hombres más ilustres de la época, en política, arte y literatura.

El Dr. Pereyra Iraola recibió una esmerada educación, a la que no fue ajeno el entorno familiar en que se encontró inmerso desde sus primeros años. Culminó sus estudios graduándose de abogado en la Universidad de Buenos Aires. Confluyeron en él dos vertientes aparentemente opuestas, pero que su notable personalidad hizo congeniar de manera cabal. Al mismo tiempo que adquiría los conocimientos que harían de él un hombre culto, al estilo europeo, recibía otro tipo de instrucción, en las actividades rurales, que marcarían su destino como pionero de la ganadería argentina, como un hombre de su tierra.

En 1857 su padre había fundado la Cabaña “San Juan”, en las inmediaciones de la actual ciudad de Quilmes, tercera en orden de creación en nuestro país, dedicada al ganado Durham y Shorthorn. En 1862 importó el primer reproductor Hereford, el famoso “Niágara”, iniciando un proceso de mestización que lo llevó a definir la raza. Esta tarea silenciosa y paciente fue continuada por el Dr. Pereyra Iraola. Hizo de la estancia “San Juan” uno de los más notables exponentes de la riqueza agropecuaria argentina. Mejoró la ganadería mediante cruzas repetidas, con los más destacados campeones de Gran Bretaña, de las razas Durham, Shorthorn y Hereford. Su dedicación era tan completa y minuciosa, que no delegaba siquiera la atención de los más pequeños detalles. Supo mantener la orientación y los esfuerzos iniciales hasta producir lo mejor. Evidenció su inteligencia en la difusión de las mejores corrientes de sangre, que han contribuido de manera tan notable al alto refinamiento de los rodeos argentinos. Los ejemplares de su establecimiento figuraron siempre honrosamente en las exposiciones de Palermo. Baste decir que, a lo largo de los años, obtuvo 21 campeonatos Hereford.

De la misma manera que Don Leonardo Pereyra realizaba una amplia tarea de forestación en su establecimiento “Los Patos”, próximo a la ciudad de La Plata, diseñado por Prilidiano Pueyrredón al mejor estilo europeo, su hijo cumplió un magnífico trabajo en la Estancia “San Juan”. Su parque constituye el más acabado ejemplo de riqueza y refinamiento florístico y de cuanto puede embellecer a la naturaleza el arbolado siendo motivo de admiración para los numerosos visitantes extranjeros que tuvieron oportunidad de conocerlo.

Muy joven aún, con sólo 16 años, ingresó a la Sociedad Rural Argentina, de la que su padre fuera cofundador en 1866. Cabe señalar, como rasgo anecdótico, que en 1875, cuando tenía 5 años, se llevó a cabo la primera Exposición Rural en un predio que tenía su padre en Florida y Paraguay, y que cedió para ese evento. Fue visitado por 18.000 personas y se expusieron solamente 13 vacunos, mientras que hubo 66 caballos y 74 carneros y ovejas. Allí, en la Sociedad Rural trabajó intensamente. Ocupó los cargos de vocal, Tesorero, Secretario y Vicepresidente. Asimismo, fue Presidente de la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Criadores de Shorthorn.

Su capacidad de acción y su creatividad no se agotaban en la vasta labor desarrollada como hacendado. Supo tener tiempo para ocuparse de su estudio de abogado y fue también un destacado hombre público. En las primeras elecciones realizadas bajo la Ley Sáenz Peña fue electo diputado. Ocupó además el cargo de Vocal en el Directorio del Banco de la Nación y de la Caja de Conversión.

Pero … hubo más. Otra tarea. Una honrosa designación que lo llevó a actuar en el ámbito de la ciencia que, trascendiendo lo suyo específico, buscaba el progreso de un país tan ricamente dotado para la agricultura y la ganadería. Resumiremos el camino que condujo hasta aquí al Dr. Leonardo Pereyra Iraola. En 1904, a instancias del Dr. Wenceslao Escalante, Ministro de Agricultura del General Roca, se crea el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria, que lleva en su seno el germen de la futura Facultad. En efecto, en 1909, siendo el Dr. Escalante Ministro de Agricultura del Dr. Figueroa Alcorta, un decreto determina la incorporación del Instituto a la Universidad de Buenos Aires, con carácter de Facultad. Quien había sido Rector del Instituto, el Dr. Pedro N. Arata, fue elegido Decano de la recién nacida Facultad de Agronomía y Veterinaria, y preside además el Consejo Académico, origen histórico de esta Academia. Un año después, en 1910, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires designa a los Académicos de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Ha nacido la Academia dependiente de la Universidad. En su primera sesión, la Academia constituye su Mesa Directiva, que presidirá el renombrado jurista Dr. Abel Bengolea, y designa nuevos académicos. Uno de ellos es el Dr. Leonardo Pereyra Iraola. El conjunto de hombres, que con él formaban la Academia, alcanzaba un nivel de excelencia que aún hoy nos admira. Son algunos de ellos los doctores Ángel Gallardo, Ramón J. Cárcano, Pedro Lagleyze, el Tte. Gral. Julio A. Roca, el Dr. Manuel Güiraldes, intendente de la ciudad de Buenos Aires y el Dr. Emilio Frers, primer Ministro de Agricultura cuando se creó la cartera en 1898.

Transcurre el tiempo y así llegamos a 1925, cuando un decreto del Presidente Alvear determina la autonomía de las Academias Nacionales finalizando la etapa de “dependencia”, iniciada en 1910. El Dr. Pereyra Iraola vivió ambos períodos, el de la Academia “dependiente” y el de la autónoma, pues estuvo vinculado a ella desde su designación en 1910, al ser creada la Academia, hasta su muerte, acaecida en 1943.
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1 Semblanza (abreviada) del Dr. Pereyra Iraola pronunciada el 9 de diciembre de 1993 con motivo de la incorporación del Dr. Scoppa como académico de número de la Academia Nac. de Agronomía y Veterinaria. Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 47(16):11-13. 1993.