por el Dr. Vicente O. Cutolo1

Nació en Buenos Aires, el 3 de setiembre de 1855, hijo de don Pedro Lagleyze y de doña Justina Gastelú, ambos de origen francés. Se educó en el Colegio de San José, donde fue un joven inquieto y travieso. Tuvo predilección por el dibujo que luego cultivó con gusto. Ingresó en la Facultad de Medicina, en 1875; fue interno del antiguo Hospital General de Hombres, siendo alumno de Manuel Augusto Montes de Oca y Cleto Aguirre. En 1882, recibió su título de doctor en medicina con una tesis sobre Cromatoscopía, en la cual se ocupó del daltonismo y de los peligros e inconvenientes de esa curiosa anomalía. Antes de graduarse ya había sido designado jefe de clínica del servicio del doctor Aguirre.

Fundó en 1883, la “Revista Argentina de Oftalmología”, la primera de su género en Sudamérica. Al año siguiente, fue designado profesor suplente de Clínica Oftalmológica, y en 1889, reemplazó en la cátedra al doctor Aguirre como titular. Sus clases magistrales eran completadas, en los días intermedios, con el examen clínico de los enfermos. Con una rapidez extraordinaria, pues había examinado miles de enfermos, hacía el diagnóstico de las lesiones y prescribía el tratamiento oportuno. Se reveló en la cátedra como un verdadero maestro, y su palabra espontanea era acompañada a veces con dibujos de sorprendente claridad que servían para ilustrarla. Hizo operaciones extraordinarias, ideando procedimientos e instrumental propio por lo que su fama se acrecentó notablemente. Fue el fundador de la Sociedad de Oftalmología de Buenos Aires, y también figuró entre los iniciadores de la Sociedad Hispano-Americana de Barcelona. En 1892, fue elegido miembro de la Academia de Medicina. Realizó un viaje de estudio por distintas clínicas de Europa y de los Estado; Unidos. Sus métodos quirúrgicos para la corrección del estrabismo fueron adoptados en varias escuelas del mundo. Fue vicedecano y ejerció interinamente el decanato de la Facultad en 1905, desempeñando comisiones especiales como asimismo en la Academia de Medicina, pero a consecuencia de los desórdenes estudiantiles, renunció amargado a aquel cargo pocos meses después.

Sus méritos que desbordaban el ámbito de la medicina lo llevaron a desempeñarse como miembro de la Academia de Agronomía y Veterinaria2. Asistió a varios congresos internacionales oftalmológicos realizados en Washington, Lucerna, Montevideo y Nápoles. Presidió la sección de su especialidad en el Congreso Internacional de Medicina y Exposición de Higiene llevado a cabo con motivo del Centenario, en 1910. Entre sus numerosas publicaciones figuran: De la profilaxis antiséptica en la cirugía ocular; Chalazión; El jequiriti; Ruptura traumática de la esclerótica; Glaucoma; Daltonismo; Retinitis pigmentaria congénita; Ensayo de electroterapia ocular; Neuroretinitis; Mancha equimótica del fondo del ojo, consecutiva a una destrucción parcial corio-retiniana; Desprendimiento de la retina; Hemianopsia cruzada vertical externa; Tratamiento de la iritis; Ausencia congénita del iris; Ceguera histérica; Estiramiento del nervio nasal externo; Retinitis albuminúrica; Arrancamiento del nervio nasal externo; Procedimiento auto-oftalmoscópico; Tratamiento del enclavamiento del iris; etcétera.

Era aficionado a la pintura y a la música, atrayéndole la escultura. Desde joven se destacó por sus notables dibujos de las lesiones del fondo ocular. En sus últimos años, hizo varios viajes a Europa en busca de reposo. Solía visitar clínicas y especialistas famosos, practicando operaciones con alguna frecuencia. Su clientela fue vastísima y la atendía con el mayor cuidado y sencillez. Supo extraer de sus observaciones consecuencias notables como en el caso del vicio de la refracción en la córnea de los vascos y judíos, que se transmite por consanguinidad y herencia.

Falleció en Buenos Aires, el 14 de agosto de 1916, a los 60 años de edad. Sus restos fueron inhumados en el Cementerio de Recoleta. y ante crecida concurrencia hablaron en nombre de la Academia y de la Facultad, los doctores Antonio C. Gandolfo3, Daniel J. Cranwell, Francisco Barroetaveña, Carlos Vega Belgrano, Enrique B. Demaría, Raúl Argañaraz, José Gil y Eliseo Cantón. En el Hospital de Clínicas se le ha erigido un busto en bronce. Su retrato fue pintado por Angel Della Valle. Era alto, delgado, severo, algo ligeramente inclinado hacia adelante. Tenía una hermosa cabeza cubierta de cabello negro y la frente amplia y despejada, nariz gruesa, ojos color pardo oscuro, de mirada franca y penetrante. De porte adusto y seco, fue de carácter un tanto violento.

Bibliografía: Eliseo Cantón. La Facultad de Medicina y sus escuelas. Buenos Aires, 1921, t. VIII, p. 6-21, se reproduce su retrato; Daniel J. Cranwell. Nuestros grandes médicos Buenos Aires, 1937 p. 141-157; José María Roveda. Nuestra oftalmología. En: Primer Congreso de Historia de la Medicina Argentina, Buenos Aires, 1968, p. 195; Rafael Renard. Los precursores de la oftalmología en la Argentina. En Ibídem, p. 258-261.
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1 Biografía, reproducida con autorización del autor, publicada en su obra Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930). Buenos Aires, Elche, 1968. 7 t.
2 El Dr. Lagleyze estuvo en el grupo de personalidades destacadas designadas en el primer Consejo Directivo de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, cuando ésta dejó de ser el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria y pasó a facultad de la Universidad de Buenos Aires. Al igual que algunos otros miembros de ese Consejo, no integró el cuerpo docente de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Este primer Consejo Directivo constituyó el núcleo inicial de la Academia por resolución del Consejo Superior de la Universidad.
3 Entre otros conceptos, el Prof. Gandolfo expresó en esa oportunidad: “Debemos consignar con satisfacción que Lapersonne, de París, su eminente colega y amigo, le presentaba a sus discípulos como maestro insuperable y lo invitaba a practicar sus propias operaciones sobre cataratas, estrabismo y ectroprión, en su presencia. Y en Nápoles, donde un día se sentara de incógnito en las bancas estudiantiles de la cátedra oftalmológica, grata sorpresa le fue deparada a su espíritu al oír al profesor que enseñaba a sus alumnos los procedimientos originales del célebre maestro de Buenos Aires …”.