por el Ing. Agr. Luis A. Barberis[1]

            Un grupo de amigos, colegas de trabajo del Ing. Mizuno me ha encomendado la difícil tarea de hacer una semblanza personal de su trayectoria. Al cumplir con la misma, dejo en primer lugar aclarado que va en ella nuestro más profundo homenaje y nuestro mayor agradecimiento hacia su persona. Al iniciar la misma pido desde ya permiso para utilizar algunos términos y frases que usualmente utilizábamos en el trato con Mizuno los que éramos sus colegas en la carrera docente y en la profesión.

            Al comenzar esta semblanza cabe destacar nuestra expresión todavía no convencida (¡se nos acaba de marchar el Ingeniero!). Sí, así simplemente, el Ingeniero era el término con el cual lo mencionábamos y lo tratábamos tanto en el boliche de Matienzo como en la Cátedra. Pero, para nosotros, ¿qué significaba realmente el Ingeniero? En primer lugar viene a mi memoria la figura del maestro, maestro tanto en la vida como en la profesión. No por algo muchos de nosotros aprendimos junto a él las claves de la Química Inorgánica y Analítica; y nos inició en alguna de las ciencias del suelo que con tanto ardor cultivó. Pero aun sobre la figura del maestro, sobresalen para nosotros en el Ingeniero dos carismas que paradójicamente no los trajo consigo desde su nacimiento. Fundamentalmente para nosotros, la figura de Mizuno representa la imagen de un verdadero argentino y de un verdadero cristiano. Para avalar estos conceptos, tendríamos miles de ejemplos, pero solamente recurriremos a dos para destacar estas características de su personalidad.

            Recordemos la primera. El Ingeniero Mizuno estaba desempeñándose como Decano interventor en la Facultad de Agronomía de la UBA arrasada por una ola subversiva que a título de ejemplo escribía sobre el paredón de nuestros pabellones: “Boelcke, Mizuno, no va a quedar ninguno”. En ese ambiente el Ingeniero sobrellevó casi simultáneamente dos lesiones familiares de suma trascendencia. Por un lado, una enfermedad neurológica dejó a su mujer paralítica y postrada hasta la actualidad; casi simultáneamente su único hijo Raúl sufrió un derrame cerebral que lo tuvo al borde de la muerte pero del cual logró recuperarse. En esta situación familiar tan crítica, y circundado por los ataques subversivos de sus enemigos, el Ing. Mizuno cumplía puntualmente con sus deberes para con la Facultad en sus funciones de dirección.

            Tal vez un segundo ejemplo complete nuestro cuadro. Todavía recordamos cuando el Dr. Ariel Guerrero, Profesor Titular de Química Analítica, nos contaba que la única vez que el Ing. Mizuno llegó un poco tarde a los exámenes de la materia, sus oídos asombrados tuvieron que escuchar la disculpa del Ing. Mizuno que pedía perdón de haber llegado tarde por haber tenido que auxiliar a su mujer que había perdido un hijo ya próximo a nacer.

            Para ordenar y completar esta semblanza en forma cronológica voy a acudir a algunos apuntes de la presentación que el Ing. Bordelois hizo del Ing. Mizuno en ocasión de su incorporación a la Academia[2].

            En primer lugar nos recuerda que la familia Mizuno, emigró a Brasil en 1926 llevando al pequeño Ichiro, nacido en Fukushima, Japón, pocos años antes[3]. De allí vienen a la Argentina y se instalan en Mercedes donde Ichiro cursa la escuela primaria. De allí van a Lincoln donde el padre de Ichiro instala una tintorería y su hijo sigue los estudios secundarios. A instancias de su padre se inscribe en la Facultad de Agronomía de la UBA en 1942 donde se recibe como Ingeniero Agrónomo en 1946.

Su primer cargo docente en 1947, fue como ayudante de primera de Química, a la que sigue su adscripción a la cátedra de Química Analítica en 1950. Su ingreso a la ciencia del suelo fue como docente de la cátedra de Suelos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UCA en 1966. Con posterioridad es nombrado Profesor Titular de Edafología de la Facultad de Agronomía de la UBA, cargo que obtiene por concurso en 1970. También es Profesor de Fertilidad de Suelos de la Escuela de Graduados en Ciencias Agropecuarias IICA, INTA y UBA e inicia la cátedra de Fertilidad y Fertilizantes de las orientaciones de la carrera agronómica que la poseen. Sería innumerable destacar los concursos que integra como jurado, los trabajos de investigación que dirige y los becarios que participan de su dirección.

            Su labor profesional privada lo destaca como principal artífice de la consultora Tecnoagro SRL y como fundador del laboratorio Inagro a partir del año 1960. Creemos casi innecesario destacar todos los aportes a la producción de nuestros suelos del Ing. Mizuno a lo largo y a lo ancho de nuestro país, de lo cual hay múltiples testigos.

            Al momento de su muerte[4], el Ing. Mizuno era Profesor Titular Consulto de Edafología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, miembro de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria[5] y había sido decano de la Facultad de Agronomía durante muchos años[6] y vice-rector de la UBA.

 


[1] Versión revisada por el autor de una biografía publicada en diferentes publicaciones.

[2] Discurso de recepción por el Académico de Número Ing. Agr. Gastón Bordelois. Anales de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria 32(3):5-8. 1978.

[3] El 7 de febrero de 1923 [Nota del Editor].

[4] Ichiro Mizuno falleció en Buenos Aires el 6 de mayo de 1993 [nota del Editor].

[5] Designado el 8 de junio de 1977 [Nota del Editor].

[6] Desde agosto de 1976 hasta diciembre de 1983 [Nota del Editor].