por el Dr. Osvaldo Antonio Pérez[1]

 Nació en Nápoles en 1871, hijo de un distinguido ingeniero en ferrocarriles. Se recibió de Doctor en Ciencias Agrarias de la Escuela Superior de Agricultura de Portici el 21 de agosto de 1893. El 16 de julio de 1895 se doctoró en la Escuela Superior de Medicina Veterinaria de Turín. Hizo un viaje a Alemania donde perfeccionó sus estudios y volvió a Italia, se radicó en Portici y fue por tres años Jefe de Trabajos Prácticos de Zootecnia. En 1903 se le agregó la designación de Encargado de Curso de Conformación Externa. Llegó a ser Profesor de Zootecnia e Higiene de la Escuela Superior de Medicina Veterinaria de Nápoles en 1904. Posteriormente ocupó igual cargo en la Escuela homónima de Parma. Discípulo de Baldasarre, éste lo señaló para venir a enseñar a la Argentina. Comenzó a dictar clases en el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria el 4 de abril de 1907 como Profesor  de Conformación y Zootecnia, puesto que mantuvo por 30 años. En 1910 se lo eligió Consejero Académico de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, cargo que en ese año también implica su designación como Académico de Número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria[2] y en 1941, ya residente en Italia, se lo designa Académico Honorario. En 1925 la Comisión Nacional de Cultura le otorgó un premio en Ciencias por su libro de Zootecnia General. Fue designado Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires en 1928 y Profesor Honorario en 1937 al retirarse. Creó el Museo de Zootecnia que posteriormente llevaría su nombre. Falleció el 20 de marzo de 1945.

Dijo Inchausti sobre él: “Fue Martinoli el prototipo del Maestro; pareciera que hubiera nacido para aprender y enseñar; fue esta la pasión de toda su vida y su única ocupación. Jamás ninguna otra labor lo desvió de su tarea, jamás ninguna otra preocupación profesional aminoró su esfuerzo docente. Quiso ser profesor desde que recibió sus títulos universitarios y fue primero Doctor en Ciencias Agrarias y luego Doctor en Medicina Veterinaria; de ahí su rara erudición y completos conocimientos. Vivió toda su vida en profesor y, conociéndolo como lo conocía, estoy seguro que siguió siéndolo hasta la muerte. Ya jubilado, viviendo en Italia en plena guerra, envió a la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, a la que pertenecía como miembro de número, interesantes comunicaciones científicas …”



[1] Reproducido con autorización del autor, y adaptado de su obra “Hombres, hechos y nombres de la veterinaria argentina. Buenos Aires, [1999].  p. 169.

[2] Por resolución del Consejo Superior de la Univ. de Buenos Aires del 2 de mayo de 1910 se designan miembros de la Academia “los que actualmente figuran como miembros del Consejo Directivo de la Facultad”. (N. del E.)