por el Ing. Forestal Dante C. Fiorentino[1]

 Cuando hace muchos años ingresé al entonces Instituto de Ingeniería Forestal, con alrededor de 80 a 90 alumnos, muy pocos habríamos apostado a que, con el correr del tiempo se convirtiera en lo que hoy es la Universidad Nacional de Santiago del Estero con más de 10.000 alumnos. Eso era sólo una idea, un sueño cuya magnificencia hacía empalidecer cualquier previsión. Pero detrás de ese sueño estaba el tesón, la voluntad inquebrantable del Ingeniero Néstor René Ledesma.

Como reciente graduado de la UBA, le esperaba un futuro brillante en el campo de la meteorología y como integrante de equipos de investigación de la Cátedra de Cerealicultura, donde se crearon cuatro variedades de arroz que incidieron notablemente en la economía argentina, convirtiéndola en exportadora de este grano. Integró asimismo el equipo de trabajo del Ing. Hirschhorn en el primer Instituto de Meteorología que se creaba en el país. En esa época inventó un método de registros fenológicos que hacía sencilla esa herramienta y fue adoptada por todos los estudiosos[2].

Pero retornó a su ciudad natal, convencido desde su fe religiosa, que Dios lo necesitaba en Santiago del Estero, para volcar sus conocimientos a sus coterráneos. Sus argumentos apuntaban a la necesidad de tener un organismo que ejerza un efecto multiplicador en la lucha por la defensa de los recursos naturales de su provincia y de la gran región Chaco-Santiagueña. “Un hombre solo- decía – puede hacer muy poco, pero sumando los esfuerzos de varios hombres, creando una intelectualidad que entienda que el Creador nos dio un medio ambiente determinado, que hay riquezas en sus recursos, que al ambiente era favorable casi todo el año – entonces se preguntó – ¿Qué hacer? Y pensó que era necesario utilizar la capacidad intelectual del pueblo y especialmente el de la juventud. Que había que ilustrar a la juventud, es decir mirar el futuro y concibió que era necesario crear una Universidad. Pero su lucha era también una lucha contra el tiempo porque veía de qué manera se estaba destruyendo nuestro patrimonio forestal.

Inició sus acciones formando comisiones “Pro Universidad” que se fueron disolviendo una tras otra, por carecer de apoyo. Entre los años 1953 y 1955, dictó conferencias en cuanto organismo lo quisiera escuchar: en escuelas, en bibliotecas de barrio, en clubes sociales y deportivos, en el Rotary Club de Santiago del Estero, que luego fueron difundidos en otros Rotarys del país. Con esa idea fija en su mente, publicó más de 300 artículos en diarios y revistas, utilizando todos los medios a su alcance: radio, televisión, prensa escrita.

El desarrollo de la Facultad de Ingeniería Forestal inspiró la estructura que debería tener la nueva Universidad. El primer proyecto, cuya área de influencia abarcaría la región central árida y semiárida (considerando lo desconocido de la región) estaba constituida casi exclusivamente por institutos de investigación: Instituto del Agua, Instituto para el Estudio de la Aridez, Instituto de Recursos Biológicos, Facultad de Ingeniería Forestal, Instituto del Hombre, Instituto de Investigaciones en Educación, Instituto de Enfermedades Tropicales, Instituto de Artes, Instituto de Aerofotointerpretación, Instituto de Estadísticas, Instituto de Humanidades.

Como vemos a Ledesma no se le escapaba ninguno de los problemas existenciales del hombre al considerarlo como un todo, como el dueño de la naturaleza, donde al mismo tiempo que vela por su salud y por sus necesidades de la subsistencia, están presentes las altísimas especulaciones del espíritu como es el arte. Confiaba en su realización y en su proyección, afirmando lo que siempre repitió “Las capacidades del intelecto humano son inconmensurables” y él es el primer ejemplo de este pensamiento.

Este proyecto de universidad, aprobado por unanimidad por el Senado de la Nación, con informe favorable de las Comisiones de Hacienda y Educación de la Cámara de Diputados, no llegó a votarse en el recinto, en 1961. En mayo de 1962 se interrumpió la estabilidad institucional y el proyecto quedó frustrado.

Si bien su pasión por su objetivo y su brillante oratoria era bien recibida donde se presentara, al principio tuvo la sensación de “predicar en el desierto”. Siguió a pesar de todo, motivando al pueblo santiagueño.

En 1956 la Asociación Santiagueña de Ingenieros Agrónomos, organizó una asamblea pública Pro-Facultad de Ingeniería Forestal. Asistió el entonces Interventor Federal Vicealmirante Maleville, quien compenetrado de la iniciativa, la recibe con beneplácito. Sin embargo todavía no era posible una decisión ejecutiva. El Dr. Horacio G. Rava, entonces Ministro de Gobierno apoyó la iniciativa y decidió que la provincia asumiera la responsabilidad de su fundación.

El decreto de creación fue sancionada el 12 de febrero de 1958, con la designación de Facultad de Ingeniería Forestal. Posteriormente, se solicitó el apoyo a la Universidad de Córdoba, la cual realizó la incorporación con la designación de Instituto, por cuanto el Estatuto exigía ciertas condiciones que aún no cumplía, pero se consiguió el apoyo en los aspectos académicos. Durante 10 años, de 1958 a 1968 dependió del Gobierno de la Provincia de Santiago del Estero y finalmente fue incluida en el presupuesto universitario de Córdoba. Dicho así, parece sencillo y fácil. Yo tuve la suerte de participar de esa reunión a la que fuimos en el antiguo y desvencijado colectivo verde. Fue una lucha sin cuartel. Los cordobeses no estaban dispuestos a compartir su presupuesto con Santiago, pero el milagro se logró. Ledesma habló de su pueblo que se muere de hambre, la desolación del hachero injustamente expoliado, el recurso natural dilapidado y explotado irracionalmente y que, lo que Dios había preparado para nosotros, los santiagueños, sólo la cultura y la ciencia podría revertir. El milagro se logró y de esta manera se había consolidado el primer Centro Universitario de Estudios de Ciencias Forestales en la República Argentina. Nos volvimos cantando todo el camino. ¡Había bastante que celebrar!

 Varios intelectuales de reconocido prestigio a nivel nacional como el Ing. Cozzo y el Ing. Lucas Tortorelli, de cuyos libros nutrimos nuestros cocimientos, intentaron crear una Facultad de Ciencias Forestales en Buenos Aires y en La Plata, pero fracasaron y abandonaron el intento. Para Ledesma, cada fracaso era un paso más hacia la victoria. Usando una extraña paradoja el decía
: “cuando las cosas me van mal, me pone contento, porque eso me impulsa a luchar y a buscar nuevas estrategias de combate. Cuando me va bien, me siento perdido, porque ya no tengo que luchar por lo que quería conseguir”.

Pero no todo estaba resuelto. Su entusiasmo y capacidad de trabajo le permitió superar dificultades que parecían insalvables: reparación de un edificio (facilitado en préstamo por la Liga del Magisterio Santiagueño), adquisición del moblaje, dotación de elementos a los laboratorios, formar un cuerpo docente con profesores contratados de Córdoba, de Tucumán de Buenos Aires y tantos otros problemas que exigieron la iniciación de las actividades universitarias.

            Mientras tanto corría el año 1977 y la acción del gobierno de la Dictadura Militar, secuestraba a uno de sus hijos que llevaba el mismo nombre de su padre Néstor René Ledesma (hijo). El joven desapareció y nunca más se supo de él.      Sólo la grandeza de su espíritu, amparado en una fe religiosa inquebrantable, le permitió seguir avanzando ante esta terrible zancadilla de la vida.

            Ahora había que dotar a la Facultad de sus propios docentes y para ello visitó las embajadas más representativas del saber mundial en el tema de la defensa del ambiente y la Ingeniería Forestal que lo involucra. Y así consiguió convenios con las fundaciones alemanas y allí mandó sus discípulos a formarse para integrar el flamante cuerpo docente auténticamente elaborado en su casa de altos estudios.

            Hoy en día la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, cuenta con un prestigioso cuerpo de profesores, la mayoría de los cuales se doctoraron en Alemania, en Holanda, en España y en Estados Unidos, centros de perfeccionamiento del más alto nivel mundial en el tema de los Recursos Naturales y la Ingeniería Forestal.

            Paralelamente y casi simultáneamente con la creación de la Facultad de Ciencias Forestales integra la Comisión de la creación de la Universidad Católica de Santiago del Estero coronada también por el éxito en 1960.

            Este es uno de los múltiples aspectos que muestran un espíritu empeñoso, diligente, tesonero, honesto y brindado íntegramente al servicio de sus semejantes cuyo horizonte de acción y de hombría de bien sería difícil resumir en pocas palabras.

 Una de sus últimas concreciones fue la creación de una Multiacademia Nacional tras haber reunido a los Académicos Correspondientes de las Academias Nacionales de Derecho, de Medicina, de Agronomía y Veterinaria, de Historia y de Letras que viven en Santiago del Estero, se creó por su iniciativa la Academia de Ciencias y Artes de Santiago del Estero, donde sus miembros le concedieron el alto y merecido honor de ser su presidente. Y quizás uno de los más justos y merecidos honores es que la Facultad de Ciencias Forestales que tanto ama y por la que lucho, sufrió y empeñó su vida y lo mejor de sus afanes, hoy lleva el nombre de Ing. Néstor René Ledesma.

            Hoy, consternados por su ausencia, sólo me queda decirle: Ing. Ledesma, usted ha dejado una obra perdurable. Sus ideas ya no son sólo patrimonio suyo, en muchos de nosotros se han grabado sus enseñanzas, pero quisiera también que esa fe, toda esa esperanza que movió sus actos, se asimilara también en nosotros para cuando sintamos flaquear nuestras fuerzas, nuestras ganas de seguir luchando. Que pensemos en el ejemplo de su vida como en aquel soneto medicinal de Almafuerte: ”ten el tesón de clavo enmohecido/, que aún viejo y ruin, no deja de ser clavo,/ no la cobarde intrepidez del pavo / que amaina su plumaje al primer ruido.[3]


[1] Disertación pronunciada por el Ing. Fiorentino con motivo de un homenaje tributado al Ing. Néstor R. Ledesma.

[2] Conocido como “Registro Fitofenológico Integral de Ledesma” (N. del E.).

[3] El Ing. Ledesma nació el 26 de febrero de 1914 y falleció el 6 de diciembre de 2013. Fue designado Académico Correspondiente en la Sesión Especial de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria del 11 de diciembre de 1985 (N. del E.).