por el Dr. José María Quevedo[1]

 

La Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, me confía el honor de presentaros al conferenciante de hoy, nuestro ilustre colega don Félix Gordón Ordás[2], delegado de España al Congreso Internacional del Frío y con la más íntima complacencia, en breve síntesis, destacaré los rasgos salientes de su personalidad, vigorizada en la lucha incesante de los ideales, templada poco a poco en los paréntesis de la adversidad y serenada, al fin, en la plenitud del triunfo decisivo y rotundo.

Aspero y largo es el camino recorrido, siempre a paso firme de vencedor, por este paladín de las nuevas ideas, que puede echar la vista sobre el panorama de las etapas cumplidas, antes que el tiempo escarche sus cabellos, marchite el relieve enérgico de su faz varonil, romana, rebaje el timbre de su voz grandilocuente y amengüe el impulso de su corazón generoso.

A los veinte años, en 1905, se licencia en la Escuela Veterinaria de León y poco después, en 1909, ingresa en el Cuerpo de Inspectores de Higiene Pecuaria, recién creado, correspondiéndole, en orden de méritos, la plaza de Madrid, que desempeñó con brillo hasta el advenimiento de la República.

Como no podía dejar de ocurrir, en el último período de la dictadura militar, en 1929 fue confinado, para apagar su prédica, a la frontera galaico-portuguesa, y la mísera aldehuela de Puente Barjas se con­virtió, durante largos meses, en el punto de mira y de peregrinación de los veterinarios españoles, empeñados en una ardua campaña de mejoramiento y dignificación de la clase.

Desde los primeros pasos, Gordón Ordás, dedica toda la actividad de sus días y la vigilia de sus noches -libros, folletos, revistas y conferencias- a la tarea de despertar la conciencia profesional, agrupando voluntades y disciplinando esfuerzos, para hacer, sobre bases modernas, una veterinaria fuerte y respetada, eficaz propulsora de los intereses pecuarios de la nación. Recorre toda la península incesantemente y en los más distantes lugares de España su palabra vehemente y cordial propaga la nueva fe y logra encarrilar todas las aspiraciones en movimiento ordenado y progresivo, de íntima cohesión moral e incontenible energía material. Es la Asociación Nacional Veterinaria Española (ANVE), que a pesar de las vicisitudes y persecuciones, cuenta hoy con más de 3.000 afiliados entusiastas, decididos a la terminación de la obra magna.

Entre sus timbres de honor está la Revista de Higiene y Sanidad Pecuarias -con su valiente Semana Veterinaria- que lleva ya veintidós años de vida fecunda en ambiente poco propicio, o sea entre dificultades y sinsabores de todos los días. Otra gran revista, la Zootecnia, que, desde hace pocos años, anticipándose al ritmo de acontecimientos, se robustece sin cesar, completa el ejemplar alarde editorial, honra de la cultura veterinaria española.

Ha dado a luz varios volúmenes que, en su oportunidad, llamaron la atención pública: un ensayo de psicología animal, obra de juventud que sugiere los más simpáticos comentarios; un tomo de conferencias y polémicas, Mi Evangelio Profesional, todo médula, pleno de ideas­ desbordante de hechos, que historia el proceso tenaz y doloroso de apostolado; dos tomos de Policía Sanitaria de los Animales y un Manual del Inspector de Carnes, que revelan la amplitud de sus conocimientos técnicos; un libro de Bacteriología, en colaboración con don Cayetano López y otras publicaciones menos difundidas, sin contar la traducción de varios textos franceses, magistral e impecablemente vertidos a nuestro idioma.

Su viaje a Méjico, como representante de España, hace ya algunos años, fue una serie sucesiva de éxitos, logrados por su simpatía y por su elocuencia comunicativa. Y es del caso recordar que, entre las preocupa­ciones dilectas de su espíritu, está la gesta heroica de nuestra América, evocada en más de una página vibrante de amor humano y justicia histórica, opuesta al vilipendio rutinario de la crónica exagerada y del panfleto sectario.

Hombre de su tiempo, demócrata sin solución de continuidad, bregó siempre por el triunfo de la República y una, vez impuesto el nuevo régimen, desde la Subsecretaría, de Fomento y desde la Cámara como diputado a Cortes[3], pudo dar fin a la obra de todos sus afanes: la creación y organización, por ley, de la Dirección General de Ganadería e Industrias Pecuarias, que agrupa todos los servicios técnicos existentes y encarga a los veterinarios la dirección y fomento de la ganadería y de sus industrias derivadas[4].

Tal es, señores a grandes rasgos, la figura eminente del conferen­ciante de hoy, nuestro ilustre colega don Félix Gordón Ordás: escritor de alto vuelo, publicista fecundo, propagandista incansable, orador elocuente, diputado a Cortes, tribuno de la República, conductor de hom­bres y animador de ideas, leader del movimiento renovador y hábil piloto de la Veterinaria española, encauzada definitivamente en la corriente del progreso.


[1] Presentación ligeramente abreviada del Dr. Gordón Ordás, asistente al VI Congreso Internacional del Frío realizado en Buenos Aires en 1932, con motivo de la conferencia brindada en la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. Anales de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria 1:471-473. 1932-34. (N. del E.).

[2] El Dr. Félix Gordón Ordás nació el 11/6/1885 en León y falleció en la ciudad de México el 25/1/1973. (N. del E.).

[3] Fue diputado por León entre 1931 y 1934 por el Partido Radical Socialista y de 1934 a 1939 por la Unión Republicana (N. del E.).

[4] Posteriormente a esta presentación el Dr. Gordón Ordás fue Ministro de Industria y Comercio en 1933 y embajador en México en 1936. Finalizada la Guerra Civil Española se exilió en México, siendo designado posteriormente Presidente del Gobierno de la República en el Exilio entre 1951 a 1960. (N. del E.).