por el Ing. Agr. Daniel Gustavo Díaz[1]

          El Ing. Agr. Ewald A. Favret nació en Zárate, Buenos Aires, en 1921. Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional No. 1 “Bernardino Rivadavia” de la ciudad de Buenos Aires, de donde egresó como Bachiller en 1938. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de Buenos Aires donde se graduó de Ingeniero Agrónomo en 1944. Su actividad científica comienza ese mismo año en la División de Inmunología Vegetal del entonces Instituto de Fitotecnia, en Castelar, donde es nombrado Jefe de la División Genética Vegetal en 1954, cargo en el que permanece hasta 1960. En esta fecha es designado Director del Instituto de Fitotecnia, ya organizado en la órbita del INTA. A partir de 1970 comienza a desempeñarse como Director del Centro de Investigaciones en Ciencias Agronómicas del INTA, cargo que ocupa hasta 1990. En 1976 fue incorporado como Investigador Principal del CONICET, siendo promovido en 1983 a Investigador Superior. Su ámbito de investigación no se restringió solamente a nuestro país, sino que su actividad se extendió a Estados Unidos, Suecia, Alemania Federal y Suiza. Simultáneamente con su labor de investigación cumplió una destacada actividad docente, tanto en el país como en el extranjero. Fue Profesor de Biometría en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Univ. de Buenos Aires (1955-58) y de la Facultad de Agronomía de la Univ. Nac. de La Plata (1956-1957). Profesor de Genética y Fitotecnia (1976-84) en la Facultad de Agronomía de la Univ. de Buenos Aires; Coordinador y Profesor de Genética Avanzada en los Cursos de post-grado dictados por la Escuela para Graduados de la UBA-IICA-INTA (1965-72) y Profesor de Genética en cursos de Doctorado en la Washington State University en Pullman, Washington, USA (1971).

            Publicó más de 130 trabajos de investigación, fue miembro de la American Association for the Advancement of Sciences y de la Sociedad Argentina de Genética, de la que fue Presidente en el período 1972-1973. Asimismo, fue miembro del Comité Editorial de las revistas Mendeliana y Boletín Genético (Argentina), Mutation Research (Holanda), Zeitschrift für Pflanzenzüchtung (Alemania) y Genética Agraria (Italia).

            Junto con los Doctores Arne Hagberg de Suecia y Robert Nilan de Estados Unidos, fue fundador de los Congresos Internacionales de Genética de la Cebada. Los mismos se iniciaron en 1963 en Wageningen, Holanda, y en 2004 han llegado a su novena edición.

            Su destacada labor profesional le valió el reconocimiento de la comunidad científica local y extranjera, por lo que fue designado Miembro Correspondiente de la Sociedade Brasileira de Genética (1960), Senior Research Fellow of National Science Foundation, USA (1971), Miembro de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria (1977), de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1978) y The New York Academy of Sciences, USA (1980). Fue, asimismo, distinguido con los Premios Severo Vaccaro (1972), Lucio Cherny (1975), CADIA (1983), Konex (1983) y Francisco A. Sáez (1985 y 1987).

            Los temas de investigación abarcados por el Ing. Favret han sido realizados en gran medida en cereales. Se ocupó particularmente de enfocar aspectos innovativos que por su índole no podían ser realizados en otras unidades del INTA, pero cuyo conocimiento debería contribuir a solucionar problemas aplicados. Así, por ejemplo, encaró el estudio de la expresión de genes de interés agronómico y de sus interacciones con el ambiente y con otros genes, lo que lo llevó a investigar procesos de regulación y compartimentalización de la expresión génica durante el crecimiento y diferenciación de la planta. En un comienzo se dedicó al análisis de la interacción huésped-patógeno (en royas y oídio) demostrando la existencia de un número considerable de pares de genes en ambos organismos, así como que los genes para reacción en el huésped se distribuían en “clusters” o segmentos isofénicos, que constituyeron las primeras familias de multigenes encontradas en las plantas. Posteriormente, los ejemplos sobre este hecho se multiplicaron en otros laboratorios y a la luz de esta generalización, en la década del setenta surge una nueva interpretación de la interacción específica huésped-patógeno y de sus implicancias en la estrategia del control de las enfermedades de las plantas. Interesantes observaciones sobre el trabajo del Ing. Favret fueron realizadas, entre otros, por Lima de Faría (1983) y Wheeler (1975). Simultáneamente dedicó su atención a la interacción no-específica en la cual, teóricamente, la acción de los genes del huésped que confieren resistencia no podría ser afectada por la evolución del patógeno, como ocurre en el primer caso. Hacia fines de los años sesenta, el Ing. Favret obtiene una mutante inducida en cebada con resistencia no específica al oídio que denominó ml-o. Este gen fue transferido posteriormente a variedades comerciales, principalmente en Europa, las que continúan siendo resistentes en la actualidad, confirmando su carácter no específico. El hallazgo de este gen es un hito en la tarea realizada en el Instituto de Genética, que dejó la puerta abierta para una búsqueda similar en otras interacciones huésped-patógeno, como por ejemplo para el control de las royas en plantas diploides.

            Asimismo, el Ing. Favret fue un pionero en el estudio del control genético de las proteínas del endosperma de los cereales, comenzando su labor hacia 1950, época en que el mecanismo hereditario de dicho control no era aún bien entendido. Hacia fines de los años sesenta mediante el empleo de electroforesis sobre granos individuales que permite realizar estudios genéticos, se determinó que cada proteína estaba regulada por familias de genes agrupados en segmentos isofénicos. Este tema es analizado actualmente en muchos laboratorios en el mundo y los avances logrados recientemente en los aspectos moleculares, así como en la clonación de genes, han creado las bases para producir un impacto en la biología y la fitotecnia en un futuro cercano. En las revisiones de García Olmedo y col. (1983) y de Genevois (1973) se destaca la participación del Ing. Favret y su grupo en este tema.

            Los fundamentos genéticos del control hormonal del crecimiento de las plantas ha sido otro de los aspectos que ocupó la atención de este notable investigador. La agricultura moderna, con su tendencia a aumentar la densidad de siembra y fertilidad de los suelos, puso de relieve la importancia del porte semienano de los cereales en el logro del aumento de rendimiento por unidad de superficie, base de la llamada “revolución verde”. El aporte del Ing. Favret en esta área comienza en 1970, cuando propone los primeros sistemas de regulación en cebada y trigo, mediados por la giberelina. La identificación de genes reguladores, la existencia de mutantes constitutivas y de otras que provocan alteraciones en la respuesta a esta hormona y a factores exógenos como la luz, demostraron que estos sistemas controlan no sólo la elongación celular, sino también la diferenciación y la iniciación de los territorios sexuales, aspecto este último de relevancia en la metodología de producción de semilla híbrida.

           La inducción artificial de mutaciones, especialmente aquellas que pueden jugar un rol de importancia en los aspectos agronómicos, como los que hemos mencionado hasta ahora fue, más allá de toda duda, una de las áreas que mayores aportes recibió de la obra del Ing. Favret, quien fue un miembro destacado del grupo de aplicación de la mutagénesis a la agricultura del Organismo Internacional de Energía Atómica. Su actividad en este tema fue recordada por Gustafsson (1987). No se ocupó únicamente de discriminar los distintos efectos de los agentes mutagénicos químicos y físicos, sino también de los mecanismos de transmisión gamética y somática de los genes mutados y del uso de mutantes para el estudio del control genético de mecanismos fisiológicos.

             El Ing Favret falleció el 24 de enero de 1992 en Villa Gesell.

            Además de sus dotes intelectuales, que le permitieron desarrollar su obra, su personalidad, su espíritu de luchador incansable, su optimismo y sus ansias inagotables de nuevos conocimientos y el entusiasmo que lograba infundir a quienes lo rodeaban dejó un recuerdo imperecedero en quienes trabajaron a su lado.

            Su labor científica no siempre se desarrolló en condiciones adecuadas, debiendo sobrellevar las angustiantes consecuencias de los vaivenes políticos. Por ello, la labor del Ing. Favret debe ser reconocida no sólo por sus méritos científicos, sino también como una muestra de su inquebrantable fe en el futuro del país.


[1] Instituto de Genética “Ewald Favret”, Centro Nac. de Inv. Agropecuarias, Castelar, INTA. Reproducido con autorización del autor.