Academia Nacional de Agronomia y Veterinaria

La irrenunciable necesidad de conservar los suelos

Declaración de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria

Los suelos de la Argentina están expuestos a procesos de deterioro asociados a erosión, pérdida de la condición física, de la fertilidad, al incremento de la salinización o a la alteración de los ciclos hidrológicos por ascenso de la capa freática, que comprometen su productividad y uso futuro. De ellos, la erosión afecta la mayor superficie. Se estima que unas 100 millones de hectáreas del territorio argentino están afectadas por procesos de erosión hídrica (63%) y eólica (37%). La superficie erosionada ha crecido desde los primeros registros en el año 1957, aunque en los últimos 30 años la mayor parte de ese incremento se registró en los grados ligero a moderado, mientras que las cifras para los estados severo y grave se han mantenido más estables.

 

Entre los factores principales del aumento de la degradación del suelo a escala nacional, pueden mencionarse el cambio en el uso del suelo, el sobrepastoreo y la expansión y simplificación de la rotación de cultivos en la agricultura extensiva, fundamentalmente en la región chaco-pampeana. Hay intentos de contrarrestar estos procesos. Existen actualmente unas 2,5 millones de hectáreas protegidas por prácticas para el control de la erosión hídrica y eólica. Las más difundidas para control de erosión hídrica son terrazas, cultivos en curvas de nivel, canales de desagüe, canales de guarda y control de cárcavas. Respecto a la prevención y control de procesos eólicos, se destaca el trabajo de revegetación de áreas degradadas, control de médanos, cultivo en franjas y cortinas rompe-vientos. En cuanto a la agricultura extensiva, la adopción de siembra directa en cerca del 90% del área sembrada, constituye un excelente sistema para conservar los suelos, en la medida que se implemente con rotación de cultivos que mantengan una buena cobertura del suelo. Estos intentos han contribuido a atenuar la degradación pero resultan aún insuficientes en áreas frágiles a procesos erosivos.

 

Frente a la situación descripta se impone diseñar una estrategia a nivel nacional para cuidado del ambiente y del suelo orientada a (i) reducir la degradación de los suelos y sus efectos sobre la superficie y productividad de las tierras mediante la aplicación de buenas prácticas que enfaticen el control de la erosión, el incremento del carbono orgánico y la regulación de los procesos hidrológicos y (ii) promover la intensificación ecológica sostenible de sistemas productivos que permitan, entre otros aspectos, incrementar los rendimientos y su estabilidad cuidando el ambiente. La ciencia y producción agropecuaria Argentina trabajan sobre estos objetivos pero acciones coordinadas permitirían cambios más rápidos.

 

Es vital para la salud de los suelos y cuidado del ambiente, sostener e incrementar el almacenamiento de carbono orgánico mediante rotaciones que mantengan un balance positivo. La intensificación agrícola con rotaciones diversas de gramíneas y leguminosas estivales e invernales constituye una herramienta muy efectiva a los efectos de incorporar carbono, controlar malezas, favorecer la actividad biológica y controlar la erosión. Sin embargo, para mejorar la condición de los suelos, es necesario además incluir buenas prácticas pensando en el ciclado de los nutrientes y su reposición. Actualmente, la reposición por fertilización o manejo de los principales nutrientes alcanza solamente alrededor de un 38 por ciento de lo extraído por los cultivos. La intensificación agrícola sustentable debe focalizarse en el aumento de la producción por unidad de superficie mediante la aplicación de más tecnologías de procesos y el uso eficiente de insumos, antes que la habilitación de nuevas tierras.

 

En las áreas de bosque nativo es importante evitar o minimizar el desmonte de tierras ya que se trata de ambientes frágiles en los que se impone la aplicación de sistemas silvopastoriles que compatibilicen el uso forestal con el ganadero. Estos sistemas son reconocidos como un modelo de agricultura “climáticamente inteligente” que combina aumento de productividad, resiliencia al cambio climático y reducción de los gases de efecto invernadero, permitiendo la diversificación e interacción biológica entre especies leñosas y ganado. Se trata de “modelos cerrados”, ambientalmente sustentables, que incrementan la captura de carbono a través de la fotosíntesis de la biomasa aérea de los árboles, la acumulación en la biomasa subterránea y del carbono aportado por las raíces de las especies forrajeras, retenido por combinación con la fracción mineral del suelo. Resulta destacable el avance que han registrado los sistemas silvopastoriles en el país, efectuando un uso integrado y sustentable del recurso forestal y la producción ganadera. Estos sistemas cubren actualmente alrededor de 7,2 millones de hectáreas. La gestión del pastizal natural en los sistemas ganaderos también ha tenido avances muy importantes en los últimos años, apuntando a la sustentabilidad del agro-ecosistema, muy especialmente en las zonas áridas y semiáridas de mayor fragilidad. Existen actualmente unos 19 millones de hectáreas gestionadas con prácticas de evaluación forrajera y ajuste de carga, pastoreo rotativo, potreros de reserva y clausuras.

 

La Argentina en general y su sector agropecuario en particular, tienen la enorme oportunidad de constituirse en un actor central de la producción de alimentos para el mundo. Esta situación impone el compromiso de conservar y mejorar los recursos sobre los que la actividad se sustenta. Por ello, la promoción y coordinación de acciones alrededor de la conservación de los suelos es una necesidad irrenunciable para asegurar los intereses de desarrollo y crecimiento del país.

 

Esta declaración fue aprobada en la Sesión Ordinaria de la Academia del 15 de julio de 2021.