por el Dr. Alfredo Manzullo[1]

Egresado en el año 1940 con el título de Médico Veterinario, se doctoró en 1943, con una tesis que defendió en Sesión Pública. Inmediatamente de egresado, con su flamante título, hace un análisis de las perspectivas presentes y futuras de su profesión, sus alcances y sus posibilidades y es entonces cuando intuye que su ideal es buscar y encontrar verdades, tareas estas nada sencillas en el medio que vive, y ante la posibilidad de ser más útil a la sociedad en un medio rural, opta por trasladarse a Bahía Blanca, donde inicia con lógica ambición de su juventud su carrera profesional, que desempeña con gran entusiasmo, tratando de cumplir con eficiencia las tareas encomendadas.

En esa ciudad de la pampa semihúmeda, con sabor a mar, en un ambiente desconocido para él, casi inhóspito por el descreimiento de los productores en adoptar nuevas tecnologías, se desempeña como veterinario de la Dirección de Agricultura y Ganadería de la Provincia de Buenos Aires y en la municipalidad local. En su comienzo, pensó que la elección era la correcta, pues su objetivo principal no sólo era mejorar técnica y sanitariamente la producción ganadera, sino además controlar la calidad higiénica de los alimentos que consumía la población. Sin embargo, pronto se dio cuenta que no encontraba el suficiente apoyo y motivación para desempeñarse eficazmente en sus aspiraciones de implantar nuevas disciplinas y mejorar los servicios, pues chocaba con la inercia burocrática de los medios a su alcance, y ante la probabilidad de perder su camino, hace una nueva confrontación de las diversas posibilidades para realizarse y ser útil a la sociedad; es entonces cuando firmemente pone en juego las bases de su razonamiento, y decide, que para alcanzar los claros objetivos que se había forjado de hacer cosas que reconfortan al espíritu, su misión no era engrosar las filas de esos técnicos burócratas que vegetan en sus cargos, sino formar jóvenes con aptitud suficiente para desempeñarse en la vida profesional dentro de su esfera de acción, en la humilde pero noble misión de preservar la salud del hombre en sus aspectos higiénico-sanitarios.

Es en esos momentos cuando elige su senda correcta, porque percibe con claridad la verdadera vocación de su vida y decide incorporarse al Instituto Tecnológico del Sur para colaborar en la Cátedra de Química Orgánica. Posteriormente le toca organizar las Cátedras de Microbiología General e Industrial y cuando se crea la Universidad Nacional del Sur, con febril actividad, inicia el período de organización de las cátedras de Microbiología General y Especial y Microbiología Agrícola.

Fue para mí una experiencia gratificante visitar esas cátedras, donde encontré un ambiente que trasuntaba esa disciplina, tan propia de los lugares ideales para trabajar y desarrollar el ingenio con el fin de suplir con holgura la precariedad de los medios a su alcance, y encontrar soluciones ciertas a los difíciles problemas que se le presentaban.

Fue ahí, cuando Darlan se perfiló como verdadero docente e investigador, pues sus innatas condiciones didácticas hicieron que sus palabras interesaran aún a los alumnos más indiferentes, manteniéndolos en la atención más absoluta, por la consistencia de sus conocimientos, su capacidad de síntesis, sus lógicos comentarios y los más diversos matices usados para destacar hechos fundamentales.

Supo además mantener bien, esa difícil armonía entre docente y alumno para trabajar activamente, inculcándoles que debían ser verdaderos protagonistas en su profesión y no meros espectadores. Finalmente supo hacerles comprender la importancia de conocer más y mejor las cosas, porque el conocer representa la mayor riqueza que pueda tener un ser humano, dedicado a mejorar las condiciones de vida de su comunidad. En esa férrea disposición de buscar verdades y hacer discípulos, Darlan encuentra las mayores satisfacciones espirituales, pues hacer discípulos es la más noble y generosa tarea que un investigador puede aspirar, porque ellos son los hijos de la experiencia y del saber, misión ésta que Pasteur con tanta magnanimidad sostenía al expresar: “lo más bello que puede realizar un hombre de ciencia, es reconocer la participación que ha tenido el corazón, en el hallazgo de discípulos que hacen progresar a las ciencias”.

De ese grupo humano de infatigable capacidad de trabajo, surgen numerosas investigaciones calificadas como de real significación en el medio científico dedicado al estudio de la higiene alimentaria y ambiental, entre los cuales por su importancia sanitaria podremos citar: Estudio microbiológico de alimentos, Control de la manufactura de pescados frescos, Buques procesadores congeladores, Frescura y organolepsia de los productos de pesca y Buques enfriadores.

Siempre con esa inquietud tan propia de su temperamento, se traslada a Europa a fin de conocer las novedades sobre temas de su predilección y visita y establece contactos con científicos de los Institutos de Francia, España y Austria, regresando con nuevos bríos para dedicarse al estudio de nuevos controles en las diversas etapas de industrialización de los productos de mar, destinados a la alimentación del hombre.

Conocido ya, en el ambiente científico, que Darlan había llegado a la cumbre de la parábola intelectual de sus conocimientos en la biología y tecnología de la fauna marítima, la Universidad Nacional de Mar del Plata le ofrece la Dirección del Instituto para la Investigación de los Problemas del Mar. Nuestro recipiendario de hoy hace una nueva evaluación de las diversas posibilidades que se
le ofrecen para ejecutar con eficacia las tareas que le asignaban y considerando que en la Universidad del Sur ya había formado un grupo de investigadores y docentes capaces de reemplazarlo con solvencia en las tareas de enseñanza e investigación, acepta el nuevo reto, dedicándose con pertinaz empeño a organizar esa Institución, en la que demostró una vez más, sus verdaderas cualidades de maestro.

Esta apretada síntesis de las actividades del Dr. Darlan lo definen como un hombre que ha logrado cumplir con sus ideales en base a su férrea disciplina y duro sacrificio. Sin embargo considero que los títulos tienen un valor relativo, si no se tiene la enorme capacidad de ser hombre, pero un hombre fuerte, con esa fortaleza que no flaquea en momentos difíciles y tristes que a Darlan le tocó vivir; porque él sabe, que la vida es un real equilibrio sin dejar de lado el sentido de las proporciones, y fue ese enorme sentimiento de fe el que le permitió seguir su camino[2].



[1] Presentación del Dr. Luis A. Darlan en el acto de incorporación a la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria efectuada por el Dr. Alfredo Manzullo en la sesión del 30 de octubre de 1986 (ligeramente abreviado y adaptado).

[2] El Dr. Darlan nació el 24 de agosto de 1917 en La Plata y falleció el 14 de octubre de 1996 en Mar del Plata (N. del E.).