por el Dr. Rodolfo M. Perotti1

Ilustre en sangre, nació en el seno de una patriarcal familia santafesina que dio a la provincia gobernadores y al país ministros y diplomáticos2. Hijo de Antonio Candioti y de doña Andrea Zeballos, alcanzó su titulo universitario en el año 1904 en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata, donde transcurrió también la mayor parte de su vida profesional como docente y como defensor de la enseñanza superior de alto vuelo ostentando con modestia ejemplar, una elevada jerarquía académica que fue el fruto de su mente excepcional y de su gran espíritu de sacrificio y contracción al estudio.

La conjunción de su accionar lo presenta como figura de neto contorno ético -iniciaba cada curso lectivo con una serie de clases sobre Deontología- probidad que adquiere casi el significado de símbolo en tiempos de crisis y de enfrentamientos que surgieron dentro de una política universitaria convulsionada y que el académico Candioti vivió con pasión, pero siempre con juicio claro y corazón noble.

Hizo una brillante carrera docente. Fue el primer Profesor de la Cátedra de Materia Médica, TerapéutIca y Toxicología apenas egresado de la Facultad y lo fue durante un largo período que abarcó 33 años y 5 meses, ocupando en distintos momentos de su vida diferentes cargos docentes tanto como estudiante o como egresado.

Se desempeñó en las Cátedras de Anatomía, Fisiología, Semiología y Policlínica como Ayudante y después fue Profesor Interino de Patología General, Patología Médica y Obstetricia y Titular de Materia Médica y Terapéutica, lo que permite aquilatar su calibre en el campo médico de la profesión.

Tuvo activa y descollante influencia en el proceso de nacionalización de la Universidad de La Plata. Al cristalizar el cambio de jurisdicción, las autoridades de la ya Universidad Nacional lo confirmaron en el cargo de Profesor de Patología General y de Farmacia y Terapéutica. En ese entonces y en función de integrante del Consejo Superior de la Universidad se constituyó, junto con el delegado de Agronomía, ingeniero agrónomo Alejandro Botto, en factor decisivo de la separación de las Facultades y mucho antes, en el año 1902, siendo alumno, le cupo carácter protagónico en la instauración del 6 de agosto como día recordatorio de la iniciación de los estudios agronómicos y veterinarios en el país.

Su personalidad y su carácter, al proyectarse en el tiempo, aparecen rodeados de un aura, propia de los hombres de excepción que pasan por la vida enseñando conducta, sobriedad, equilibrio, reflexión y justicia.

En la Universidad no vio en el estudiante un mero aparato de conocer sino una entidad vital con capacidad no sólo para el ejercicio de una técnica sino también para la apreciación estética, para la sensibilidad social correctamente equilibrada e incluso para la percepción de valores religiosos fueran o no aceptados según la posición conceptual de cada uno, y de acuerdo a este modelo estructuró su perfil docente con una sólida formación científica, una filosofía humanística y un profundo sentido moral que sus colegas y sus alumnos percibieron en toda su dimensión otorgándole aquellos, respeto y éstos, a quienes motivó para optar por ese camino de materia y espíritu, profundo reconocimiento.

Valiente en actos, tuvo trayectoria recta y firme como corresponde a los hombres de honor, rindiendo el acatamiento debido a las normas de caballerosidad e hidalguía entre las cuales había moldeado su estilo de vida, aun en circunstancias en que debió cesar en sus funciones en 1946 por razones ajenas a su idoneidad profesional.

Brillante en luces intelectuales, fue profesor distinguido por su sabiduría y su jerarquía docente, ejerciendo en varias oportunidades el cargo de Decano y publicando diversos trabajos vinculados con la clínica y terapéutica, especialmente equina.

Merecedor de la estima y el respeto de sus alumnos, estableció un puente de simpatía y trabajo común no demagógico entre la Cátedra y el alumnado que constituyó un verdadero ejemplo de colaboración en equipo. Fue amigo y consejero y antepuso el respeto de las normas morales que engrandecen al hombre, al objetivo del lucro inmediato, sin preocuparse por captar la benevolencia del estudiantado con la frase lisonjera que explota la flaqueza y adormece el valor y la energía requerida para asumir la disciplina del estudio.

Dinámico, con dinamismo creador, tuvo activa participación en distintos proyectos destinados a perfeccionar la enseñanza superior no como mero ejercicio de aprendizaje o conocimiento técnico sino, repito, como manifestación integral de disciplina del espíritu y del intelecto con definidos objetivos culturales, profesionales y humanos, encuadrando su actividad en el rigor de severos principios deontológicos.

Maestro por antonomasia, procuró formar al alumno con su ejemplo, dando lo que tenía de conocimiento y experiencia -que era mucho- sin reservas mentales o especulaciones de ninguna naturaleza.

Por todo eso pero quizá por esto último, el 21 de noviembre de 1959 fue la figura central de un homenaje en cuyo transcurso se impuso su nombre al aula de Terapéutica en la Facultad de Ciencias Veterinarias de La Plata. En el bronce se leían, grabadas, estas pocas palabras “Aula Prof. Dr. Agustín N. Candioti” y, abajo, “Maestro ejemplar”. Era un magnífico final para una vida plena.
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1 Semblanza (abreviada y ligeramente adaptada) del Dr. Candioti pronunciada por el Dr. Rodolfo M. Perotti el 22 de mayo de 1986 con motivo de su incorporación como miembro de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 40(2):8-9. 1986.
2 El Dr. Agustín N. Candioti nació el 27 de marzo de 1879 y falleció el 23 de septiembre de 1966. Fue designado miembro de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria en 1942.