por el Ing. Agr. Norberto Reichart1

El Dr. Joaquín S. de Anchorena fue una personalidad nacional. Su aguda inteligencia y dinamismo, hicieron que su obra se proyectara a los más variados campos del quehacer nacional. A su tradicional raigambre con la industria agropecuaria, junto a los pioneros que marcaron rumbos en la modernización de la empresa rural, su acción y su obra se extendió más allá, comprendiendo las más variadas responsabilidades en la vida pública y cultural del país.

Como ganadero, se destacó su actividad de criador, que abarcó las especies bovina, equina y ovina, en las razas Shorthorn, Pura sangre y Percherón, y Lincoln; y en el campo de la agricultura, además de su calidad de empresario, su acción comprendió también la de colonización privada, habiendo fundado la Colonia “Tomás de Anchorena” en La Pampa, con agricultores traídos de Santa Fe.

En la vida pública desempeñó cargos tan variados como Presidente de la Comisión Nacional de la Defensa Agrícola, Diputado Nacional, Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Interventor Nacional en la Provincia de Entre Ríos, Vocal del Directorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Miembro y Presidente de la Comisión de Fomento del Caballo de Armas, Presidente del Directorio del Teatro Colón. En la Universidad de Buenos Aires fue Decano de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, Delegado del Consejo Superior y Vicerrector. Además entre tantas otras actividades, fue Presidente de la Sociedad Rural Argentina y Presidente del Jockey Club.

Sin embargo, lo que hoy llama la atención, recapitulando sus pensamientos, sus prédicas y sus iniciativas, relativas al desarrollo agropecuario, es su clara visión del rol fundamental que la ciencia y la tecnología tenían reservado en el futuro desarrollo del potencial agropecuario del país, no obstante su condición de jurisconsulto, lo cual dice de su versatilidad intelectual, su interés y su amor al campo. Lo que hoy es convicción generalizada, la desburocratización y descentralización institucional, como condiciones básicas para una estructura compatible con la eficiencia y efectividad de los servicios para el desarrollo rural, tenían ya en Joaquín S. de Anchorena un cultor pionero. Basta recordar que fue Joaquín S. de Anchorena quien en 1917 fundó el Instituto Biológico de la Sociedad Rural Argentina como empresa privada al servicio de la investigación y el asesoramiento del productor en materia sanitaria ganadera.

Le preocupaba el enciclopedismo de los profesionales radiados, como el decía, en el interior del país sin el apoyo y vinculación constante con los especialistas en los centros de investigación. Decía Joaquín S. de Anchorena, “Los profesionales que se destacan al interior del país, que salen de la Universidad cargados de conocimientos teóricos generales, con un enciclopedismo que abruma, actúan por fuerza como prácticos para todo lo que se les consulta. Carecen en su destino de tierra adentro de la posibilidad de refrescar y recibir constantemente los adelantos de la ciencia. Actúan sin estar guiados ni respaldados en su intervención por el consejo de especialistas, expuestos a fracasos cotidianos”

Señalaba y sostenía también, con la firmeza que caracterizaba su carácter, la necesidad del trabajo de los técnicos del agro en equipo. “los veterinarios y los agrónomos actúan por separado, solía decir, sin conexión alguna, girando como astros de sistemas diferentes, cuando la colaboración de varios especialistas trae por fuerza la solución práctica requerida”. Bregaba por ello por la institucionalización de la investigación y experimentación en el interior del país para el estudio de los problemas locales, que él concebía como centro de enseñanza, no sólo de los técnicos, sino también de los trabajadores del campo, agricultores y ganaderos.

Fue así como después de la precaria vida del Instituto de Biología de la Sociedad Rural Argentina, que sólo duró siete años, en que fue clausurado, bregaba el doctor Joaquín S. de Anchorena en 1942 por la creación de un Instituto Biológico Nacional, como centro de perfeccionamiento de enseñanza y divulgación, cooperando con la Universidad en la preparación de los especialistas y técnicos que requiere la industria agrícola ganadera en las distintas zonas de producción regional.

Cuanta coincidencia en los objetivos con lo que 15 años después constituyó la creación del actual Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria –INTA– . Esto dice de su ilustración sobre las ciencias agrarias, no obstante ser tan ajenas a su formación profesional, y por sobre todo de su convicción acerca de la necesidad imprescindible del apoyo institucional de la investigación, la extensión y la enseñanza, como requisito para dar al proceso de la producción agropecuaria el resguardo científico que exige su modernización y desarrollo2.
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1 Semblanza del Dr. Joaquín S. de Anchorena efectuada con motivo de la incorporación del Ing. Agr. Norberto Reichart como miembro de número de la Academia el 28 de noviembre de 1989. En: Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 43(8):9-10. 1989. (abreviado).
2 El Dr. Joaquín S. de Anchorena nació el 28 de agosto de 1876 y falleció el 19 de julio de 1961 (Nota del Editor).